Psicología 23 min de lectura

18 actividades para trabajar las emociones (en niños y adultos)

- Francesc Abad Francesc Abad

Las emociones no son ruido de fondo de la vida mental: son su sustancia. Determinan cómo tomamos decisiones, cómo nos relacionamos con los demás, cómo respondemos al estrés y, en última instancia, qué tan satisfechos nos sentimos con nuestra propia existencia. Sin embargo, durante décadas los sistemas educativos trataron las emociones como algo ajeno al aprendizaje formal, algo que debía gestionarse en privado y sin interferir en las "materias importantes".

Esa visión ha cambiado radicalmente. Desde que Peter Salovey y John Mayer formularon en 1990 el concepto de inteligencia emocional como un conjunto de habilidades cognitivas específicas (percibir, utilizar, comprender y regular las emociones), la investigación ha acumulado evidencia sólida de que estas habilidades pueden desarrollarse, que su desarrollo tiene consecuencias medibles en el bienestar y el rendimiento, y que la mejor manera de hacerlo es a través de la práctica activa, no de la lectura pasiva.

Las actividades que presentamos a continuación están diseñadas para trabajar distintas facetas de la inteligencia emocional tanto en niños como en adolescentes y adultos. Cada una especifica su objetivo, la duración estimada y el fundamento psicológico que la sostiene. No son ejercicios de relleno: son herramientas con base en la investigación sobre regulación emocional, empatía, autoconocimiento y comunicación interpersonal.

Por qué es importante trabajar las emociones de forma activa

El modelo de habilidades de Mayer y Salovey (1997) organiza la inteligencia emocional en cuatro niveles jerárquicos: percibir las emociones con precisión, utilizarlas para facilitar el pensamiento, comprenderlas y, finalmente, regularlas. Cada nivel construye sobre el anterior. Una persona que no sabe identificar lo que siente difícilmente podrá gestionarlo; y quien no gestiona sus propias emociones tiene pocas herramientas para comprender las ajenas.

Los programas de aprendizaje socioemocional (SEL) basados en este modelo han demostrado, en metaanálisis que incluyen a cientos de miles de estudiantes, reducir conductas disruptivas, mejorar el clima del aula, aumentar el rendimiento académico y reducir la prevalencia de síntomas de ansiedad y depresión. El trabajo emocional no es un lujo terapéutico: es una inversión con retorno demostrado.

Para adultos, la evidencia apunta en la misma dirección. La capacidad de regular las emociones predice la calidad de las relaciones interpersonales, la resistencia al burnout profesional y la satisfacción vital general. Trabajar estas habilidades a cualquier edad produce efectos reales y medibles. Si te interesa profundizar en el mapa completo de la vida emocional, la rueda de las emociones de Robert Plutchik es un recurso conceptual excelente para empezar.

Actividades para trabajar las emociones en niños

1. El termómetro emocional

  • Objetivo: Identificación y graduación de emociones
  • Duración: 20 minutos
  • Edad recomendada: 5-10 años

Antes de poder regular una emoción, es necesario identificarla. Y antes de identificarla, es necesario disponer de un vocabulario emocional suficiente. Esta actividad trabaja ambas cosas simultáneamente mediante una metáfora visual que los niños comprenden de forma intuitiva.

Se dibuja en la pizarra o en una hoja grande un termómetro con una escala del 0 al 10. El 0 representa calma total; el 10, la emoción más intensa que el niño pueda imaginar. El docente o facilitador presenta distintas situaciones cotidianas ("tu equipo ha perdido el partido", "tu mejor amigo no quiere jugar contigo hoy", "has sacado un notable en el examen") y los niños deben situar en el termómetro cómo se sentirían.

Lo fundamental no es la puntuación, sino la conversación que genera: por qué unos niños puntúan distinto ante la misma situación, qué les ha pasado antes que influye en cómo se sienten ahora, si la emoción tiene un nombre más preciso que "bien" o "mal". Con el tiempo, los niños aprenden a aplicar el termómetro en su vida real y a comunicar su estado emocional con mayor precisión antes de actuar de forma impulsiva.

2. El monstruo de los colores

  • Objetivo: Reconocimiento y diferenciación de emociones básicas
  • Duración: 30 minutos
  • Edad recomendada: 4-8 años

Inspirándose en el popular álbum ilustrado de Anna Llenas, esta actividad usa el color como código para explorar la experiencia emocional en niños que todavía no disponen de un lenguaje emocional consolidado. La premisa es que las emociones básicas (alegría, tristeza, miedo, rabia, calma) tienen un color asociado, y que a veces todas se mezclan generando confusión interna.

Cada niño recibe tarjetas de colores y se le pide que las ordene según cómo se siente en ese momento. Después, se le pide que cuente algo que haya pasado recientemente en el que una de esas emociones fuera protagonista. El facilitador ayuda a nombrar y legitimar cada emoción, sin juzgar ninguna de ellas.

El fundamento psicológico de esta actividad conecta con la investigación de Carroll Izard sobre las emociones discretas en la infancia: los niños pequeños reconocen antes las emociones mediante claves perceptivas (expresiones faciales, colores, formas) que mediante etiquetas lingüísticas. El uso del color facilita el acceso a experiencias emocionales que el niño no sabría verbalizar de otro modo.

3. La caja de las preocupaciones

  • Objetivo: Regulación de la ansiedad anticipatoria y externalización emocional
  • Duración: 25 minutos (más uso continuado)
  • Edad recomendada: 6-12 años

Los niños con tendencia a la rumiación o la ansiedad anticipatoria se benefician especialmente de técnicas que les permitan externalizar sus preocupaciones, es decir, sacarlas fuera de la cabeza y colocarlas en un espacio físico controlado. Esta actividad lo hace de forma concreta y ritualizada.

Se construye o decora una caja pequeña (una caja de zapatos forrada, una cajita de cartón), que se convierte en la "caja de las preocupaciones" del niño. Cuando algo le preocupa, escribe o dibuja la preocupación en un papel y la deposita en la caja. Junto con el facilitador o la familia, se establece un "momento de preocupaciones": un tiempo fijo al día (por ejemplo, diez minutos después de cenar) en el que se puede abrir la caja, leer lo que hay dentro y hablar de ello.

Este procedimiento introduce dos principios terapéuticos fundamentales: el aplazamiento controlado de la rumiación (el niño aprende que puede posponer la preocupación hasta el momento establecido) y la contención simbólica (colocar el problema en un objeto físico le da sensación de control). Ambos están documentados en la literatura sobre terapia cognitivo-conductual infantil.

4. El cuento incompleto

  • Objetivo: Empatía y comprensión de las emociones ajenas
  • Duración: 35 minutos
  • Edad recomendada: 7-11 años

La empatía no es solo sentir lo que siente el otro: implica también inferir qué puede estar sintiendo alguien en una situación determinada, incluso cuando esa situación no nos ha ocurrido a nosotros. Esta actividad trabaja la dimensión cognitiva de la empatía a través de la narración.

El facilitador lee el comienzo de un cuento que presenta un personaje en una situación emocionalmente compleja (un niño que llega a una escuela nueva y nadie le habla; una niña que ve a su abuela llorar sin saber por qué; un hermano mayor que tiene que cuidar a su hermano pequeño cuando sus padres están enfermos). El cuento se interrumpe antes de que el personaje reaccione.

En grupos de dos o tres, los niños deben completar el cuento: qué siente el personaje, por qué, qué hace y cuáles son las consecuencias. Después, cada grupo comparte su versión y se comparan las distintas interpretaciones. La discusión revela algo importante: una misma situación puede generar emociones diferentes en personas diferentes, y eso es válido. Esta comprensión es la base de la tolerancia a la diversidad emocional.

5. La escultura emocional

  • Objetivo: Expresión corporal de emociones y conciencia somática
  • Duración: 25 minutos
  • Edad recomendada: 6-14 años

Las emociones no solo ocurren en la mente: tienen una dimensión corporal específica. La investigación de Lisa Feldman Barrett sobre la teoría constructivista de las emociones subraya que el cuerpo es un componente esencial en la construcción de la experiencia emocional, no solo su resultado. Esta actividad lleva ese principio al terreno práctico.

Se trabaja en parejas. Uno de los niños es "el escultor" y el otro "la arcilla". El escultor recibe una tarjeta con el nombre de una emoción (miedo, orgullo, asco, sorpresa, tristeza) y debe modelar el cuerpo de su compañero para que exprese esa emoción: postura, posición de los hombros, inclinación de la cabeza, posición de los brazos. La "arcilla" coopera sin hablar.

Cuando el escultor termina, el grupo adivina qué emoción está representada. Después se invierten los roles. El objetivo es doble: por un lado, el niño aprende a leer el lenguaje corporal emocional; por otro, al adoptar físicamente la postura de una emoción, experimenta algo de la vivencia somática asociada a ella, lo que refuerza la comprensión emocional desde dentro.

6. El volcán y la esponja

  • Objetivo: Autorregulación emocional y manejo de la rabia
  • Duración: 30 minutos
  • Edad recomendada: 6-10 años

La rabia es la emoción que más frecuentemente genera conflicto en el aula y en el hogar, y también la que más necesita herramientas de manejo específicas. Esta actividad trabaja la diferencia entre la emoción en sí (legítima) y la conducta que genera (modificable), distinción que es el núcleo de cualquier programa de regulación emocional efectivo.

El facilitador explica que hay dos maneras de reaccionar cuando la rabia aparece: la del volcán (explotar de golpe, sin pensar) y la de la esponja (absorber la emoción, darle espacio, decidir qué hacer). Después, presenta situaciones que suelen generar rabia en los niños y les pide que representen primero la reacción-volcán y luego la reacción-esponja.

La representación dramatizada es fundamental: no se trata de que los niños comprendan intelectualmente la diferencia, sino de que la practiquen corporalmente. La repetición conductual de respuestas alternativas es, según el modelo del condicionamiento operante de Skinner y las teorías del aprendizaje social de Bandura, el mecanismo central del cambio conductual.

Actividades para trabajar las emociones en adolescentes

7. El mapa de mis emociones en la semana

  • Objetivo: Autoconciencia emocional y detección de patrones
  • Duración: Actividad continuada (10 minutos al día durante una semana)
  • Edad recomendada: 12-18 años

Los adolescentes frecuentemente describen su estado emocional con términos vagos ("estoy raro", "no sé, mal") que dificultan tanto la comprensión propia como la comunicación con los demás. Esta actividad introduce una práctica de registro sistemático que permite identificar patrones que de otro modo permanecerían invisibles.

Durante siete días, el participante dedica diez minutos cada noche a completar una ficha con cuatro columnas: situación relevante del día, emoción principal que generó, intensidad (del 1 al 10) y lo que hizo en respuesta. Al final de la semana, se analizan los registros en busca de patrones: ¿Qué situaciones generan las emociones más intensas? ¿Hay un tipo de emoción que aparece con mucha frecuencia? ¿Las estrategias de afrontamiento utilizadas fueron adaptativas o generaron más problemas?

Este procedimiento es una versión adaptada del autorregistro utilizado en terapia cognitivo-conductual, cuya eficacia para aumentar la conciencia emocional y reducir la reactividad impulsiva está bien documentada. La diferencia respecto al diario emocional genérico es la estructura: la cuadrícula obliga a ser específico, lo que produce datos mucho más utilizables.

8. El debate de las perspectivas

  • Objetivo: Empatía cognitiva y descentramiento emocional
  • Duración: 40 minutos
  • Edad recomendada: 13-18 años

Uno de los logros cognitivos centrales de la adolescencia es el desarrollo del pensamiento formal, que incluye la capacidad de considerar perspectivas múltiples simultáneamente. Esta actividad lo usa para entrenar la empatía en situaciones de conflicto interpersonal.

Se presenta al grupo un conflicto con múltiples protagonistas (una discusión entre compañeros de clase, un desacuerdo entre padres e hijos adolescentes, un enfrentamiento entre amigos por una red social). El grupo se divide en tantos subgrupos como personajes tiene el conflicto, y cada subgrupo debe defender la perspectiva emocional de su personaje: qué siente, por qué, qué necesita que el otro comprenda.

Tras la exposición de cada perspectiva, se abre un debate en el que los participantes deben responder sin abandonar el rol asignado. Al final, se sale del rol y se reflexiona: ¿Qué ha sido difícil de defender? ¿Qué perspectiva te ha resultado más comprensible después de haberla representado? ¿Qué información emocional tenía cada personaje que los demás ignoraban?

9. La carta que no se envía

  • Objetivo: Procesamiento emocional de conflictos interpersonales
  • Duración: 30-40 minutos
  • Edad recomendada: 13-18 años

Basada en el procedimiento de escritura expresiva de James Pennebaker, pero adaptada al contexto de los conflictos relacionales propios de la adolescencia, esta actividad permite procesar emociones intensas sin los riesgos de una confrontación directa prematura.

Cada participante elige una situación reciente en la que haya sentido una emoción muy intensa relacionada con otra persona (rabia, decepción, celos, tristeza, vergüenza) y escribe una carta dirigida a esa persona. La carta no tiene restricciones: puede contener todo lo que el participante sienta, piense o quiera decir. La condición esencial es que no se enviará.

Una vez escrita, el facilitador guía una reflexión individual: ¿Qué emoción predomina en la carta? ¿Qué necesitarías que esa persona entendiese? ¿Hay algo en la carta que en realidad tiene más que ver con vosotros que con la otra persona? Esta segunda fase introduce el distanciamiento reflexivo que convierte la descarga emocional en aprendizaje. Quienes quieran pueden compartir fragmentos voluntariamente con el grupo.

10. El teatro de las emociones

  • Objetivo: Expresión emocional, empatía y lectura del lenguaje no verbal
  • Duración: 45 minutos
  • Edad recomendada: 11-16 años

La comunicación emocional no ocurre solo a través de las palabras. Investigaciones clásicas sobre comunicación interpersonal han demostrado que el tono de voz, la expresión facial y la postura corporal transmiten información emocional que frecuentemente contradice el contenido verbal. Esta actividad entrena la lectura y la producción de esas señales.

El grupo se divide en parejas. Cada pareja recibe una tarjeta con una situación cotidiana neutra ("estás comprando en el supermercado", "llegas tarde al autobús", "hablas con alguien que acabas de conocer") y otra tarjeta con una emoción que deben representar sin nombrarla. La pareja improvisa una escena de dos minutos en la que el diálogo es completamente banal, pero las emociones asignadas se transmiten a través del cuerpo y la voz.

El resto del grupo debe adivinar qué emoción está representando cada participante. Después se discute: ¿Qué señales os han dado la pista? ¿Ha habido momentos en que el lenguaje verbal y el no verbal se contradecían? ¿Qué ocurre cuando percibimos esa contradicción en la vida real?

11. La pirámide de las necesidades emocionales

  • Objetivo: Autoconocimiento y conexión entre emociones y necesidades
  • Duración: 35 minutos
  • Edad recomendada: 14-18 años

Detrás de cada emoción intensa hay una necesidad, satisfecha o insatisfecha. Este principio, central en la terapia centrada en las emociones de Leslie Greenberg, es también el fundamento de la comunicación no violenta de Marshall Rosenberg. Esta actividad lleva ese principio al terreno de la autoexploración.

Cada participante recibe una hoja dividida en tres columnas: "emoción", "situación" y "necesidad subyacente". Se les pide que piensen en tres emociones intensas que hayan sentido en la última semana (no necesariamente negativas) y que intenten identificar qué necesidad estaba detrás de cada una. Para facilitar la tarea, se les proporciona una lista de necesidades humanas universales: conexión, reconocimiento, autonomía, seguridad, comprensión, descanso, creatividad.

La reflexión final es la parte más valiosa: cuando sabes que detrás de tu rabia hay una necesidad de reconocimiento no satisfecha, tienes más opciones de actuación que si solo sabes que estás enfadado. La emoción deja de ser un problema y se convierte en información.

Actividades para trabajar las emociones en adultos

12. El escaneo corporal emocional

  • Objetivo: Conciencia somática y regulación del sistema nervioso autónomo
  • Duración: 20 minutos
  • Edad recomendada: Adultos

Las emociones tienen un sustrato corporal específico. Las investigaciones de Antonio Damasio sobre el marcador somático y los trabajos recientes de Lisa Feldman Barrett sobre la construcción de las emociones coinciden en un punto central: el cuerpo no es el mensajero de las emociones, sino parte constitutiva de ellas. Aprender a leer las señales corporales es una forma directa de acceder al estado emocional.

El ejercicio se realiza en silencio, con los ojos cerrados o con la mirada baja. Durante quince minutos, el participante va recorriendo mentalmente su cuerpo desde los pies hasta la cabeza, prestando atención sin juicio a las sensaciones físicas que detecta: tensión, calor, pesadez, vibración, contracción. Cuando encuentra una zona de tensión o incomodidad, permanece en ella un momento y se pregunta: si esta sensación tuviera una emoción asociada, ¿cuál sería?

El facilitador guía el proceso con voz pausada. Al finalizar, cada participante anota brevemente sus observaciones. La discusión en grupo revela la diversidad de mapas corporales emocionales: para unos, la ansiedad vive en el pecho; para otros, en el estómago; para otros, en la mandíbula. Reconocer el propio mapa es el primer paso para intervenir en él antes de que la emoción escale.

13. La técnica de la silla vacía

  • Objetivo: Procesamiento de emociones no resueltas y cierre de asuntos pendientes
  • Duración: 30-45 minutos (en formato individual o grupal)
  • Edad recomendada: Adultos

Originaria de la terapia Gestalt de Fritz Perls y ampliamente utilizada en la terapia centrada en las emociones de Greenberg, la técnica de la silla vacía permite externalizar un conflicto interpersonal o intrapersonal y trabajarlo en tiempo real sin necesidad de que la otra persona esté presente.

El participante se sienta frente a una silla vacía e imagina que en ella está sentada la persona (o la parte de sí mismo) con quien tiene un asunto emocional pendiente. Se le invita a hablar directamente con esa presencia imaginada: decirle lo que nunca le ha dicho, expresar cómo se ha sentido, plantear lo que necesitaría. Después, el participante se cambia a la silla vacía e intenta responder desde la perspectiva del otro.

Esta técnica activa el procesamiento emocional de una forma que la conversación abstracta sobre el conflicto raramente consigue. En contextos grupales, puede adaptarse para que los participantes observen el proceso de un voluntario y reflexionen después sobre sus propias experiencias análogas. Está específicamente contraindicada en situaciones de trauma agudo sin acompañamiento terapéutico cualificado.

14. El journaling estructurado de gratitud y dificultad

  • Objetivo: Regulación emocional, reencuadre cognitivo y bienestar
  • Duración: 15 minutos diarios durante dos semanas
  • Edad recomendada: Adultos

La investigación de Robert Emmons y Martin Seligman sobre las prácticas de gratitud ha demostrado de forma consistente que el registro sistemático de experiencias positivas reduce el sesgo de negatividad, mejora el estado de ánimo general y aumenta la satisfacción vital. Pero una práctica de gratitud que ignore las dificultades puede derivar en una supresión emocional disfrazada de positividad.

Por eso esta actividad combina ambas dimensiones. Cada noche, el participante escribe durante quince minutos respondiendo a tres preguntas: (1) ¿Qué ha ocurrido hoy que valoro, aunque sea pequeño? (2) ¿Qué ha sido difícil hoy y qué emoción me ha generado? (3) ¿Qué he aprendido de esa dificultad o qué podría hacer distinto mañana?

La clave está en la tercera pregunta: convierte la dificultad en material de aprendizaje sin negarla ni magnificarla. Al cabo de dos semanas, los participantes revisan sus registros y buscan patrones: qué tipos de situaciones generan más malestar, qué estrategias de afrontamiento han funcionado mejor, qué aspectos de su vida aparecen con más frecuencia en la columna de lo valioso.

15. El círculo de la regulación emocional

  • Objetivo: Ampliar el repertorio de estrategias de regulación emocional
  • Duración: 45 minutos
  • Edad recomendada: Adultos

La mayoría de las personas utilizan un repertorio muy limitado de estrategias para regular sus emociones, y lo hacen de forma automática, sin elegir conscientemente. Esta actividad, adaptada de los protocolos de James Gross sobre regulación emocional, sirve para expandir ese repertorio y hacerlo más flexible.

El facilitador presenta en una pizarra el "círculo de la regulación": ocho estrategias de regulación emocional organizadas en función de cuándo actúan en el proceso emocional (antes de que la emoción aparezca o después) y cómo actúan (modificando la situación, la atención, el significado o la respuesta). Las estrategias incluyen: selección de situaciones, modificación de situaciones, desplazamiento atencional, reencuadre cognitivo, supresión expresiva, descarga conductual, aceptación y búsqueda de apoyo social.

En pequeños grupos, los participantes identifican cuáles de estas estrategias usan habitualmente, cuáles nunca usan y cuáles podrían ser útiles en situaciones específicas de su vida. Se discute qué estrategias tienden a ser más adaptativas a largo plazo (el reencuadre y la aceptación) y cuáles generan alivio inmediato pero costes a largo plazo (la supresión y la evitación). El objetivo no es prescribir una estrategia correcta, sino ampliar la conciencia sobre las opciones disponibles.

16. La práctica de la autocompasión (SCC)

  • Objetivo: Regulación del autocriticismo y aumento de la resiliencia emocional
  • Duración: 25 minutos
  • Edad recomendada: Adultos

El autocriticismo crónico es uno de los factores de riesgo más robustamente asociados a la depresión, la ansiedad y el agotamiento emocional. La investigación de Kristin Neff sobre la autocompasión ha demostrado que tratarse a uno mismo con la misma amabilidad que se ofrecería a un amigo en dificultades no genera complacencia, sino mayor resiliencia y mayor motivación para el cambio.

Esta actividad introduce el Programa de Mindfulness y Autocompasión (MSC) en formato breve. El participante piensa en una situación actual de su vida en la que se esté criticando o juzgando duramente. Después, escribe una carta dirigida a sí mismo desde la perspectiva de un amigo imaginario que le conoce bien, le aprecia y tiene sabiduría psicológica: alguien que comprende sus dificultades, las valida sin magnificarlas y le ofrece perspectiva sin juzgarle.

Al terminar, el participante lee su propia carta. La mayoría experimenta una notable reducción del malestar emocional al recibir de sí mismos el mismo tipo de apoyo que ofrecerían sin dudar a una persona querida. Esta asimetría, el hecho de que seamos capaces de mayor compasión hacia los demás que hacia nosotros mismos, es en sí misma un material de reflexión muy valioso.

17. El juego de los roles en conflicto real

  • Objetivo: Comunicación emocional en situaciones de conflicto interpersonal
  • Duración: 50 minutos
  • Edad recomendada: Adultos (especialmente útil en parejas o equipos de trabajo)

Esta actividad integra la investigación de John Gottman sobre patrones de comunicación en pareja y la metodología del psicodrama para trabajar conflictos interpersonales reales en un entorno seguro y con estructura.

Uno de los participantes presenta voluntariamente un conflicto reciente con otra persona (pareja, compañero de trabajo, familiar). El grupo asigna roles: alguien representará al participante, y otro representará a la otra persona del conflicto. El participante-observador ve la escena desde fuera, lo que genera una perspectiva radicalmente diferente a la que tiene desde dentro.

El facilitador puede detener la escena en momentos clave y proponer variaciones: "¿Qué pasaría si esta persona dijera lo que realmente siente en lugar de atacar?", "¿Cómo cambia la dinámica si uno de los dos escucha antes de responder?". Al finalizar, el participante-observador comparte qué ha visto que no podía ver desde dentro. Esta exteriorización de la propia dinámica relacional es frecuentemente transformadora.

18. El contrato emocional con uno mismo

  • Objetivo: Consolidación de aprendizajes emocionales e intención de cambio
  • Duración: 30 minutos
  • Edad recomendada: Adolescentes mayores y adultos

Ningún aprendizaje emocional se consolida sin intención deliberada de transferirlo a la vida cotidiana. Esta actividad, que funciona especialmente bien como cierre de un programa o taller de educación emocional, convierte las reflexiones en compromisos concretos y realistas.

Cada participante redacta individualmente un "contrato emocional" con tres secciones. En la primera, describe una emoción o patrón emocional que quiere trabajar en el próximo mes y por qué es importante para él o ella. En la segunda, especifica una o dos estrategias concretas que va a usar (basadas en lo aprendido durante el programa) y en qué situaciones prevé aplicarlas. En la tercera, establece un indicador de progreso: ¿Cómo sabrá que está avanzando? ¿Qué será diferente en un mes?

El contrato se firma, se fecha y, en contextos grupales, puede compartirse con otro participante que actúe como testigo y fuente de apoyo. La investigación sobre implementación de intenciones de Peter Gollwitzer demuestra que especificar el cuándo, el cómo y el dónde de un cambio conductual deseado multiplica significativamente la probabilidad de que ese cambio ocurra efectivamente.

Las emociones no son el enemigo del pensamiento racional: son su materia prima. Una mente que no sabe leer sus propias emociones no es más objetiva; simplemente está más ciega.

Cómo elegir la actividad adecuada

La elección de una actividad u otra depende de tres variables: la edad y el nivel de desarrollo cognitivo de los participantes, el objetivo específico que se quiere trabajar (identificación, regulación, empatía, comunicación) y el contexto en el que se lleva a cabo (aula, consulta, taller grupal, entorno familiar).

En términos generales, las actividades más corporales y lúdicas funcionan mejor con niños pequeños; las que implican mayor reflexión verbal y autoobservación son más adecuadas para adolescentes y adultos. Las actividades centradas en la identificación y el vocabulario emocional deben preceder siempre a las de regulación: es imposible gestionar lo que no se puede nombrar.

Para quienes quieran profundizar en el marco teórico que da sustento a estas prácticas, los distintos tipos de emociones y su función psicológica son un punto de partida imprescindible para comprender qué se está trabajando y por qué.

Preguntas Frecuentes

¿Qué actividades se pueden hacer para trabajar las emociones con niños?
Las actividades más efectivas para niños incluyen el termómetro emocional (para aprender a graduar e identificar emociones), el monstruo de los colores (para diferenciar emociones básicas), la escultura emocional (para la lectura del lenguaje corporal) y el volcán y la esponja (para aprender a regular la rabia). Es importante elegir actividades que usen el juego, la metáfora visual y la expresión corporal, que son los canales de aprendizaje más accesibles para la infancia.
¿Cómo se trabajan las emociones con adultos?
Con adultos funcionan especialmente bien el escaneo corporal emocional, el journaling estructurado de gratitud y dificultad, la práctica de autocompasión y el círculo de regulación emocional. La clave es que las actividades permitan conectar la reflexión intelectual con la experiencia emocional real, evitando quedarse en el plano puramente conceptual.
¿Qué es la inteligencia emocional y por qué es importante trabajarla?
La inteligencia emocional, según el modelo de Mayer y Salovey (1997), es la capacidad de percibir, utilizar, comprender y regular las emociones propias y ajenas. Es importante trabajarla porque predice el bienestar psicológico, la calidad de las relaciones interpersonales, el rendimiento académico y la resistencia al estrés. A diferencia de la inteligencia general, puede desarrollarse de forma deliberada a cualquier edad.
¿Cuáles son las mejores actividades de educación emocional para el aula?
En el aula, las actividades más recomendadas son el termómetro emocional, el cuento incompleto, el semáforo emocional, el teatro de las emociones y el mapa semanal de emociones. Todas están diseñadas para grupos y permiten el aprendizaje experiencial y el debate posterior, que es donde se produce la mayor parte de la consolidación del aprendizaje emocional.
¿Qué es el aprendizaje socioemocional (SEL)?
El aprendizaje socioemocional (SEL, por sus siglas en inglés) es un enfoque educativo que integra el desarrollo de habilidades emocionales y sociales en el currículo escolar. Los programas SEL basados en evidencia han demostrado, en metaanálisis con cientos de miles de estudiantes, reducir conductas disruptivas, mejorar el rendimiento académico y disminuir la prevalencia de ansiedad y depresión.
¿Con qué frecuencia hay que practicar estas actividades para ver resultados?
Las actividades puntuales tienen valor por sí mismas, pero el mayor impacto se consigue con práctica regular. Investigaciones sobre regulación emocional sugieren que la práctica diaria o semanal de técnicas de autoobservación (como el diario emocional o el escaneo corporal) produce cambios medibles en la conciencia emocional en un plazo de cuatro a ocho semanas.
¿Pueden estas actividades reemplazar a la psicoterapia?
No. Estas actividades son herramientas de educación y desarrollo emocional, no de tratamiento psicológico. Son muy útiles para el crecimiento personal y la prevención, pero cuando hay un trastorno emocional diagnosticado (depresión, ansiedad clínica, trauma) lo indicado es acudir a un profesional de la salud mental. Las actividades pueden complementar la terapia, pero no sustituirla.
¿Qué actividad es mejor para trabajar la empatía?
Para trabajar la empatía, las actividades más efectivas son el cuento incompleto (que entrena la inferencia de los estados emocionales ajenos), el debate de las perspectivas (que exige defender el punto de vista emocional del otro) y el teatro de las emociones (que desarrolla la lectura del lenguaje no verbal). La combinación de empatía cognitiva (saber qué siente el otro) y empatía afectiva (resonar emocionalmente con ello) es el objetivo completo.
Francesc Abad

Escrito por

Francesc Abad

Psicólogo y psicoterapeuta

Raquel León

Revisado por

Raquel León

Psicóloga general sanitaria y redactora

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Francesc Abad. (2026, abril 28). 18 actividades para trabajar las emociones (en niños y adultos). Psicólogo Plus. https://psicologoplus.com/actividades-trabajar-emociones

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