23 actividades para niños con TDAH

Un niño puede pasar media hora concentrado en construir una nave espacial con piezas y, sin embargo, tener dificultades para terminar cinco minutos de deberes. Esta aparente contradicción desconcierta a muchas familias, pero ayuda a comprender una característica del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH): la capacidad de mantener y dirigir la atención depende también de la motivación, el contexto y las exigencias de cada tarea.

Los juegos ofrecen oportunidades para practicar habilidades que pueden resultar especialmente difíciles para estos niños: esperar turnos, organizar acciones, recordar instrucciones o regular las reacciones impulsivas. Además, permiten aprender mediante experiencias agradables, sin convertir cada actividad en una obligación académica.

Las siguientes 23 actividades para niños con TDAH están organizadas según las habilidades que ponen en práctica. Pueden utilizarse en casa, en el colegio o en sesiones educativas, siempre adaptándolas a la edad, los intereses y las necesidades de cada menor.

Qué habilidades conviene trabajar con niños con TDAH

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por patrones persistentes de inatención y/o hiperactividad e impulsividad que interfieren significativamente en el funcionamiento cotidiano.

Muchos niños presentan dificultades en determinadas funciones ejecutivas, procesos cognitivos que permiten organizar nuestras acciones para alcanzar objetivos. Entre ellas destacan:

  • Atención sostenida: mantener el esfuerzo mental durante una actividad.
  • Memoria de trabajo: conservar y utilizar información durante unos segundos.
  • Control inhibitorio: detener una respuesta impulsiva cuando la situación lo requiere.
  • Planificación: organizar acciones y anticipar sus consecuencias.
  • Flexibilidad cognitiva: modificar una estrategia cuando las circunstancias cambian.
  • Regulación emocional: reconocer emociones y utilizar recursos para manejar su intensidad.

No todos los niños con TDAH presentan dificultades idénticas. Tampoco debe confundirse la duración de una actividad con una medida de la capacidad atencional. Las expectativas deben ajustarse al desarrollo individual, algo que también explicamos al analizar el tiempo de concentración infantil según la edad.

Actividades para trabajar la atención y la memoria

1. El detective de los pequeños detalles

Materiales: una fotografía con bastantes elementos o una ilustración infantil.

El adulto muestra una imagen durante 30 segundos y después la oculta. El niño debe responder preguntas concretas: ¿cuántas ventanas había?, ¿de qué color era el coche?, ¿qué llevaba el personaje en la mano?

Se puede empezar con dos preguntas y aumentar gradualmente la dificultad. La actividad ejercita la observación y el recuerdo de información visual, aunque mejorar en este juego no garantiza mejoras generales de memoria.

2. El semáforo de los sonidos

Se acuerdan dos señales: cuando el niño escuche una palmada debe levantar la mano y cuando escuche dos debe permanecer quieto. Después se alternan los sonidos en un orden imprevisible.

Una vez comprendida la dinámica, pueden invertirse las reglas. Esta variación añade una exigencia de atención auditiva y control de respuestas automáticas. Conviene realizar rondas breves, evitando convertir los errores en penalizaciones.

3. Las parejas escondidas

Se colocan entre seis y doce tarjetas boca abajo, formando parejas de imágenes iguales. Cada participante puede levantar dos tarjetas por turno y debe recordar dónde aparecen las figuras.

Para hacerlo más interesante, se pueden utilizar fotografías de animales, vehículos o personajes que le gusten al niño. Si el juego resulta frustrante, todos los participantes pueden colaborar para descubrir las parejas.

4. Encuentra al intruso

Se dibujan cinco objetos relacionados y uno diferente, por ejemplo, varios utensilios de cocina y una zapatilla. El niño debe identificar cuál no pertenece al conjunto y explicar su razonamiento.

Con niños mayores pueden utilizarse categorías menos evidentes. Esta actividad favorece la atención selectiva y la clasificación conceptual, al tiempo que permite comprobar cómo organiza la información.

5. La lista que crece

El primer jugador dice una palabra, como «perro». El siguiente la repite y añade otra: «perro, bicicleta». Cada participante debe reproducir la secuencia completa antes de incorporar un elemento nuevo.

Se puede limitar la cadena a cuatro palabras para evitar una dificultad excesiva. Una variante consiste en sustituir las palabras por movimientos corporales. Se pone en práctica la memoria de trabajo verbal o motora, según la versión elegida.

6. La búsqueda del tesoro silenciosa

Se esconden cinco objetos pequeños en una habitación y se entrega al niño una lista con dibujos de lo que debe encontrar. La consigna es localizar los objetos sin mover aquellos que no forman parte de la búsqueda.

La lista sirve como apoyo externo para mantener el objetivo. Con niños mayores pueden añadirse pistas o establecer un orden de búsqueda, pero sin introducir una competición contrarreloj.

Juegos para mejorar el autocontrol y la impulsividad

7. El semáforo del movimiento

Se utilizan tres tarjetas: verde para caminar, amarillo para moverse lentamente y rojo para detenerse. El adulto cambia las señales mientras el niño se desplaza por un espacio despejado.

Después pueden intercambiarse los papeles. La actividad exige adaptar la conducta a instrucciones variables. Es especialmente útil para introducir de forma lúdica la diferencia entre sentir ganas de actuar y ejecutar inmediatamente una acción.

8. Las estatuas con instrucciones

Con música de fondo, el niño baila libremente. Cuando la música se detiene debe permanecer inmóvil. En una segunda ronda, cada pausa incorpora una postura concreta, como levantar un brazo o mantener un pie apoyado en el suelo.

No se pretende exigir inmovilidad prolongada. La finalidad es practicar la alternancia entre movimiento y pausa, siempre respetando las posibilidades motrices del niño.

9. La tortuga que necesita descansar

Se presenta una tortuga imaginaria que, cuando se enfada, se detiene antes de responder. El niño representa al animal, encoge suavemente los brazos y respira tranquilamente durante unos segundos.

Después debe elegir qué podría hacer: pedir ayuda, expresar su enfado o alejarse un momento. Esta adaptación de la técnica de la tortuga introduce una estrategia de pausa, pero necesita practicarse fuera de los momentos de máxima activación emocional.

10. El juego de los turnos intercambiados

Con una pelota blanda, los participantes deben pasarla siguiendo un orden acordado. Cada cierto tiempo, el adulto anuncia un cambio: ahora se pasa en dirección contraria o únicamente después de escuchar un nombre.

El objetivo es practicar la espera y la adaptación a nuevas reglas. Para niños con dificultades relacionadas con los distintos tipos de impulsividad, las instrucciones anticipadas y los turnos cortos facilitan la participación.

11. El robot a cámara lenta

El niño interpreta a un robot que recibe órdenes sencillas: levantar una mano, girar sobre sí mismo o caminar tres pasos. Todos los movimientos deben ejecutarse lentamente y detenerse cuando el adulto diga «pausa».

Después puede ser el propio niño quien dirija al adulto. La propuesta combina juego imaginativo, control del movimiento y seguimiento de consignas, sin necesidad de corregir continuamente su comportamiento.

12. El termómetro de la frustración

Se dibuja un termómetro con cuatro niveles, desde tranquilo hasta muy enfadado. El niño inventa situaciones cotidianas y señala qué intensidad emocional podría experimentar en cada una.

Por ejemplo, perder una partida o esperar demasiado tiempo. Después se buscan respuestas posibles para cada nivel. El objetivo es ampliar el vocabulario emocional y reconocer señales tempranas de frustración, sin exigir que desaparezca el enfado.

Actividades de planificación y organización

13. Cocineros por un día

Se propone preparar una receta sencilla que no requiera utilizar cuchillos peligrosos ni fuentes de calor. Antes de empezar, el niño debe ordenar tres o cuatro tarjetas: reunir ingredientes, preparar la mezcla, montar el plato y recoger.

La cocina permite trabajar secuencias con un resultado tangible. El adulto puede señalar cada paso completado y ayudar a anticipar qué materiales harán falta antes de comenzar.

14. Construye siguiendo un plano

Con bloques de construcción, el adulto prepara una estructura pequeña y realiza un dibujo sencillo. El niño intenta reproducirla observando el modelo.

En una segunda ronda puede diseñar su propio plano para que otra persona lo construya. La actividad implica organización espacial, planificación y revisión de errores. Es preferible comenzar con pocas piezas y aumentar la complejidad según el interés mostrado.

15. La misión de las tres pistas

Se esconde un objeto y se preparan tres instrucciones consecutivas. La primera conduce hasta una mesa, donde aparece la segunda, y esta indica cómo llegar a la última pista.

El niño debe completar cada etapa antes de continuar. Una variante consiste en entregar las instrucciones mezcladas para que intente ordenarlas. El juego permite practicar la secuenciación y el seguimiento de objetivos intermedios.

16. El piloto de la mochila

Antes de preparar la mochila escolar, se dibuja una lista visual con los materiales necesarios. El niño comprueba qué asignaturas tiene al día siguiente y coloca cada objeto en su lugar.

Al terminar, revisa la lista sin que el adulto repita verbalmente todas las indicaciones. Esta actividad traslada las habilidades organizativas a una necesidad cotidiana y permite utilizar apoyos externos en lugar de depender únicamente de la memoria.

17. El supermercado imaginario

Se organiza una tienda con envases vacíos o juguetes. El niño recibe una lista de cuatro productos y una pequeña cantidad de dinero ficticio.

Debe localizar los artículos, comprobar cuáles ha encontrado y pasar por caja. Para aumentar la dificultad pueden incorporarse precios sencillos o productos agotados que obliguen a elegir alternativas. Se practican planificación, memoria funcional y flexibilidad ante imprevistos.

18. Historias que han perdido el orden

Se preparan cuatro dibujos que narran una acción, como levantarse, vestirse, desayunar y salir al colegio. El niño debe organizarlos cronológicamente y explicar qué sucede.

Posteriormente puede crear una historia propia para que otra persona la ordene. Esta actividad permite trabajar la secuenciación temporal y la comprensión de relaciones entre acciones y consecuencias.

Actividades físicas, sociales y creativas

19. Circuito de aventuras por estaciones

Se diseña un recorrido con tres pruebas: saltar dentro de aros, caminar entre conos y lanzar una pelota a una cesta. Cada estación tiene una tarjeta visual con su instrucción.

Se pueden añadir pausas entre pruebas y dejar que el niño elija el orden. El circuito combina movimiento y seguimiento de consignas. Debe adaptarse al espacio disponible y a las capacidades físicas del participante.

20. Pases con reglas cambiantes

Dos o más participantes se pasan una pelota. Primero pueden hacerlo libremente; después deben nombrar al receptor antes de lanzar y, finalmente, alternar pases altos y bajos.

Estas variaciones requieren prestar atención al compañero y ajustar las decisiones durante el movimiento. Una revisión de Sun y colaboradores (2024) encontró resultados prometedores del ejercicio físico estructurado en niños con TDAH, aunque los efectos dependen del programa y de su calidad metodológica.

21. Inventa una coreografía

Se eligen tres movimientos fáciles y se crea una pequeña secuencia musical. El niño debe recordarla y después modificar uno de sus pasos sin perder el orden de los restantes.

La combinación de ritmo, memoria motora y creatividad puede resultar especialmente atractiva para quienes disfrutan de la música. No es necesario reproducir los movimientos perfectamente: interesa experimentar y colaborar.

22. Detectives de emociones

Se muestran viñetas con situaciones sociales ambiguas: dos compañeros hablando, alguien que pierde un juego o un niño que no recibe una invitación. El participante propone diferentes emociones y posibles explicaciones.

El adulto introduce preguntas como «¿podría existir otra razón?». El objetivo es ampliar la interpretación de situaciones sociales y evitar conclusiones precipitadas. No debe presentarse una única respuesta emocional como obligatoriamente correcta.

23. Un proyecto creativo en equipo

Se propone construir una ciudad de cartón, diseñar un pequeño teatro o preparar una exposición de dibujos. Cada participante asume una responsabilidad concreta y las tareas se dividen en etapas cortas.

El proyecto puede desarrollarse durante varios días. Permite practicar cooperación, reparto de responsabilidades y seguimiento de objetivos, pero también ofrece oportunidades para reconocer las capacidades e intereses particulares de cada niño.

Cómo adaptar las actividades según la edad y las dificultades

Las propuestas no tienen una edad universal de aplicación. Como orientación, entre los 4 y 6 años suelen funcionar mejor las consignas únicas, los apoyos visuales y los juegos motores sencillos. Entre los 7 y 9 años pueden introducirse secuencias más largas, mientras que los mayores pueden participar en la planificación y evaluación de actividades.

Para que el juego no termine convirtiéndose en una fuente de tensión, conviene seguir algunas pautas:

  • Empezar con sesiones breves, por ejemplo, de 5 a 10 minutos, ajustables a cada niño.
  • Explicar y demostrar una regla antes de añadir otra.
  • Alternar movimiento y actividades sedentarias según sus necesidades.
  • Reconocer esfuerzos concretos en lugar de elogiar únicamente el resultado.
  • Reducir los estímulos distractores cuando dificulten participar.
  • Interrumpir o simplificar la actividad ante señales persistentes de frustración.

Las recomendaciones NICE (2018, con actualizaciones posteriores) destacan la importancia de adaptar los entornos, estructurar las actividades y ofrecer apoyos específicos a los niños con TDAH.

¿Sirven estos juegos como tratamiento del TDAH?

Estas actividades pueden ser útiles como experiencias educativas y recreativas, pero no sustituyen un tratamiento psicológico o médico indicado profesionalmente.

La evidencia sobre entrenamiento cognitivo exige prudencia. Westwood y colaboradores (2023) observaron que determinadas intervenciones mejoraban las tareas practicadas, pero esos progresos no se trasladaban necesariamente a los síntomas cotidianos del TDAH ni al rendimiento académico.

Las guías de la Academia Americana de Pediatría recomiendan intervenciones conductuales basadas en evidencia, especialmente el entrenamiento de padres en edades tempranas. En niños mayores pueden combinarse apoyos escolares, intervenciones conductuales y tratamiento farmacológico cuando esté indicado.

Un buen juego no necesita eliminar los síntomas del TDAH para resultar valioso: disfrutar, cooperar y experimentar pequeños logros también contribuye a una infancia satisfactoria.

Si las dificultades de atención, impulsividad u organización interfieren significativamente en la escuela, las relaciones o la convivencia familiar, conviene solicitar una evaluación profesional. Los juegos pueden formar parte del día a día, pero su verdadero valor depende de cómo se integren en las necesidades de cada niño.

Preguntas Frecuentes

¿Qué juegos son buenos para niños con TDAH?
Pueden resultar adecuados los juegos de memoria, construcción, búsqueda de pistas y movimiento con reglas sencillas. La elección debe adaptarse a la edad, las preferencias y las dificultades específicas del niño. Es preferible una actividad que disfrute a otra que abandone continuamente por frustración.
¿Cómo trabajar la atención de un niño con TDAH en casa?
Se pueden proponer actividades breves de observación, memoria y seguimiento de instrucciones. Ayuda proporcionar apoyos visuales, reducir distracciones innecesarias y dividir las tareas complejas en pasos manejables. Estos juegos complementan, pero no sustituyen, las intervenciones recomendadas.
¿Qué actividades ayudan a controlar la impulsividad infantil?
Los juegos del semáforo, las estatuas musicales y las actividades de turnos permiten practicar pausas y respuestas sujetas a reglas. Para mejorar las dificultades cotidianas de impulsividad también pueden ser necesarias intervenciones conductuales estructuradas.
¿Cuánto tiempo debe durar una actividad para un niño con TDAH?
No existe una duración válida para todos. Se puede empezar con juegos de 5 a 10 minutos y ajustar el tiempo según la edad, el interés y la tolerancia a la actividad. La calidad de la participación importa más que alcanzar una duración predeterminada.
¿Qué deportes son recomendables para los niños con TDAH?
La natación, el ciclismo, el atletismo, las artes marciales adaptadas y los deportes de equipo pueden ser buenas opciones según las preferencias individuales. La investigación encuentra beneficios potenciales del ejercicio estructurado, pero ningún deporte concreto resulta universalmente superior.
¿Los juegos de memoria pueden mejorar los síntomas del TDAH?
Pueden mejorar el desempeño en las tareas practicadas y proporcionar experiencias positivas de aprendizaje. Sin embargo, la evidencia no permite asegurar que esas mejoras se generalicen a la atención cotidiana o reduzcan los síntomas clínicos del TDAH.
Cecilia Martín Sánchez

Escrito por

Cecilia Martín Sánchez

Psicóloga, directora y cofundadora del Instituto de Psicología Psicode · Número de colegiada M-18654

Marina Marta García Fuentes

Revisado por

Marina Marta García Fuentes

Psicóloga y cofundadora del Instituto de Psicología Psicode · Número de colegiada M-18317

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Cecilia Martín Sánchez. (2026, octubre 24). 23 actividades para niños con TDAH. Psicólogo Plus. https://psicologoplus.com/actividades-ninos-tdah

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