La teoría del estrés de Lazarus es una de las propuestas más influyentes para comprender por qué una misma situación puede resultar muy estresante para una persona y apenas afectar a otra. Su idea central es que el estrés no depende únicamente del estímulo externo, sino de la interpretación que la persona hace de lo que ocurre y de los recursos que cree tener para afrontarlo.
Richard S. Lazarus, junto con Susan Folkman, desarrolló un modelo psicológico del estrés basado en la valoración cognitiva y el afrontamiento. Según esta teoría, el estrés aparece cuando la persona percibe que las demandas de una situación superan, amenazan o ponen a prueba sus recursos personales.
Esto significa que no todos los acontecimientos difíciles generan estrés de la misma manera. Un examen, una discusión, una entrevista laboral, una enfermedad, una ruptura o un cambio de ciudad pueden vivirse de forma muy distinta según la historia personal, las creencias, el apoyo social, el estado emocional, la experiencia previa y las estrategias de afrontamiento disponibles.
En este artículo veremos qué es la teoría del estrés de Lazarus, cuáles son sus conceptos principales, cómo funciona la valoración cognitiva, qué tipos de afrontamiento existen y por qué este modelo sigue siendo tan importante en psicología.
Qué es la teoría del estrés de Lazarus
La teoría del estrés de Lazarus entiende el estrés como una relación dinámica entre la persona y el entorno. No es solo algo que "está fuera" ni algo que "está dentro", sino el resultado de la interacción entre una situación y la forma en que la persona la interpreta.
Para Lazarus y Folkman, el estrés psicológico surge cuando una persona evalúa que una situación es significativa para su bienestar y que puede exceder sus recursos de afrontamiento. En otras palabras: algo se vuelve estresante cuando se percibe como amenaza, pérdida, desafío o demanda difícil de manejar.
Por ejemplo, hablar en público puede ser una amenaza para alguien que teme ser juzgado, pero un desafío estimulante para otra persona que lo ve como una oportunidad. La situación externa puede ser parecida, pero la valoración cognitiva cambia la experiencia emocional.
Esta teoría fue especialmente importante porque superó explicaciones demasiado simples del estrés. No basta con listar acontecimientos estresantes. Hay que entender cómo los vive cada persona.
Richard Lazarus y Susan Folkman
Richard S. Lazarus fue un psicólogo estadounidense muy influyente en el estudio de la emoción, el estrés y el afrontamiento. Su trabajo ayudó a cambiar la forma de entender las emociones: no como respuestas automáticas aisladas, sino como procesos relacionados con la evaluación que hacemos de las situaciones.
Junto con Susan Folkman, publicó una de las obras más importantes sobre estrés psicológico: Stress, Appraisal, and Coping. En este libro desarrollaron el modelo transaccional del estrés, donde la persona y el ambiente se influyen mutuamente.
El término "transaccional" es clave. Significa que el estrés no está simplemente en el evento ni simplemente en la mente de la persona. Aparece en la transacción entre ambos: lo que ocurre, lo que significa para la persona y lo que la persona hace para afrontarlo.
La valoración cognitiva
El concepto central de la teoría es la valoración cognitiva. Se refiere al proceso mediante el cual una persona interpreta una situación y evalúa qué importancia tiene para su bienestar.
Esta valoración puede ocurrir muy rápido y no siempre de forma totalmente consciente. Ante una situación, la persona se pregunta, de manera explícita o implícita:
- ¿Esto me afecta?
- ¿Es peligroso?
- ¿Qué puedo perder?
- ¿Qué puedo ganar?
- ¿Puedo manejarlo?
- ¿Qué recursos tengo?
- ¿Qué consecuencias puede tener?
La valoración cognitiva explica por qué el estrés es subjetivo. Dos personas pueden estar ante la misma demanda, pero una sentirse bloqueada y otra motivada. La diferencia no está solo en la situación, sino en el significado que adquiere para cada una.
Valoración primaria
La valoración primaria es la primera evaluación que hace la persona sobre la situación. Consiste en determinar si lo que ocurre es irrelevante, positivo o estresante.
Si la situación no afecta al bienestar, se considera irrelevante. Si puede aportar algo bueno, se valora como positiva. Si implica daño, amenaza o exigencia, puede generar estrés.
Lazarus distinguió tres formas principales de valoración estresante:
- Daño o pérdida.
- Amenaza.
- Desafío.
Cada una genera una experiencia emocional diferente y puede activar distintas respuestas.
Daño o pérdida
La valoración de daño o pérdida aparece cuando la persona interpreta que ya ha ocurrido algo negativo. Por ejemplo, perder un empleo, suspender un examen, sufrir una ruptura, recibir un diagnóstico o tener un conflicto importante.
En este caso, el estrés se relaciona con una pérdida real o percibida. Pueden aparecer tristeza, rabia, culpa, miedo, frustración o sensación de injusticia.
El afrontamiento suele orientarse a aceptar, reparar, reorganizar la vida o buscar apoyo.
Amenaza
La amenaza aparece cuando la persona anticipa que algo negativo puede ocurrir. No necesariamente ha pasado todavía, pero existe miedo a una consecuencia futura.
Por ejemplo:
- "Quizá me despidan".
- "Puede que esta relación termine".
- "Y si no soy capaz".
- "Y si enfermo".
- "Y si hago el ridículo".
La amenaza suele activar ansiedad, vigilancia, preocupación y anticipación. Puede ser útil si ayuda a prepararse, pero problemática si se convierte en rumiación constante o evitación.
Desafío
La valoración de desafío aparece cuando la persona percibe una situación exigente, pero también ve posibilidades de crecimiento, logro o aprendizaje.
Por ejemplo, una entrevista laboral puede ser estresante, pero también una oportunidad. Una oposición, un nuevo proyecto o mudarse a otra ciudad pueden generar tensión, pero también ilusión y sentido.
El desafío no elimina el estrés, pero lo cambia. La persona puede sentir activación, energía y concentración, en lugar de bloqueo. Esta valoración suele relacionarse con recursos percibidos y confianza en la capacidad de afrontamiento.
Valoración secundaria
La valoración secundaria consiste en evaluar qué recursos tiene la persona para afrontar la situación. Responde a preguntas como:
- ¿Qué puedo hacer?
- ¿Tengo habilidades suficientes?
- ¿Tengo apoyo?
- ¿Puedo pedir ayuda?
- ¿Puedo cambiar algo?
- ¿Tengo tiempo, energía o información?
- ¿Puedo tolerar lo que está ocurriendo?
Esta valoración es esencial. Una situación puede parecer difícil, pero si la persona cree que tiene recursos, el estrés puede ser manejable. En cambio, si siente que no tiene salida, el estrés aumenta.
Por ejemplo, dos personas pueden recibir la misma carga de trabajo. Una puede pensar: "es mucho, pero puedo organizarme y pedir apoyo". Otra puede pensar: "no podré, voy a fallar y nadie me ayudará". La segunda valoración generará más estrés.
Reevaluación
La teoría de Lazarus también incluye la reevaluación. A medida que la situación cambia o la persona recibe nueva información, puede reinterpretar lo que está ocurriendo.
Por ejemplo, una persona puede empezar viendo una enfermedad como una amenaza catastrófica, pero después de hablar con el médico y conocer el tratamiento, puede valorarla como algo difícil pero manejable.
También puede ocurrir al revés: algo que parecía controlable puede volverse más estresante si aparecen obstáculos.
La reevaluación muestra que el estrés es un proceso dinámico. No valoramos una situación una sola vez; la vamos reinterpretando según lo que ocurre y según cómo respondemos.
Afrontamiento: qué hacemos ante el estrés
El segundo gran concepto de la teoría es el afrontamiento. Lazarus y Folkman lo definieron como los esfuerzos cognitivos y conductuales que una persona realiza para manejar demandas internas o externas que percibe como desbordantes o difíciles.
El afrontamiento no es solo "solucionar el problema". También incluye regular emociones, buscar apoyo, reinterpretar la situación, tomar distancia, aceptar, planificar o reducir la exposición al estrés.
Una estrategia de afrontamiento puede ser útil o no según el contexto. No hay una única forma correcta de afrontar todo.
Afrontamiento centrado en el problema
El afrontamiento centrado en el problema busca modificar la situación que genera estrés. Es especialmente útil cuando la persona tiene cierto control sobre lo que ocurre.
Ejemplos:
- Hacer un plan.
- Buscar información.
- Organizar tareas.
- Hablar con alguien para resolver un conflicto.
- Pedir ayuda concreta.
- Tomar una decisión.
- Cambiar hábitos.
- Prepararse para una prueba.
- Negociar condiciones.
Por ejemplo, si una persona está estresada por un examen, puede organizar un calendario de estudio, pedir apuntes, practicar ejercicios y dormir mejor. Aquí el problema puede abordarse con acciones concretas.
Afrontamiento centrado en la emoción
El afrontamiento centrado en la emoción busca regular el malestar emocional asociado a la situación. Es especialmente importante cuando no se puede cambiar fácilmente lo que ocurre o cuando la emoción es tan intensa que impide actuar.
Ejemplos:
- Hablar con alguien de confianza.
- Respirar o relajarse.
- Escribir lo que se siente.
- Buscar consuelo.
- Reinterpretar la situación.
- Practicar aceptación.
- Llorar y elaborar la emoción.
- Darse tiempo.
- Hacer ejercicio para descargar tensión.
Por ejemplo, ante una pérdida, no siempre se puede "resolver" el problema. Pero sí se puede buscar apoyo, elaborar el duelo y cuidar la respuesta emocional.
Afrontamiento evitativo
El afrontamiento evitativo consiste en alejarse de la situación, posponerla, negar su importancia o distraerse para no contactar con el malestar.
No siempre es negativo. A veces tomar distancia temporal ayuda a descansar y recuperar energía. El problema aparece cuando la evitación se vuelve la estrategia principal y mantiene o agrava el problema.
Ejemplos:
- No abrir correos importantes.
- Evitar una conversación pendiente.
- Procrastinar de forma crónica.
- Consumir alcohol para no pensar.
- Negar un problema evidente.
- Distraerse constantemente para no sentir.
La evitación reduce malestar a corto plazo, pero puede aumentar el estrés a largo plazo.
Estrés y emoción
Para Lazarus, estrés y emoción están profundamente conectados. Las emociones dependen de cómo valoramos una situación. Si interpretamos algo como injusticia, puede aparecer rabia. Si lo vemos como amenaza, ansiedad. Si lo interpretamos como pérdida, tristeza. Si lo vemos como logro, orgullo.
Esto no significa que las emociones sean inventadas. Significa que tienen relación con el significado que damos a lo que ocurre.
Por eso, cambiar la valoración cognitiva puede cambiar la emoción. No siempre basta con decir "piensa diferente", pero explorar interpretaciones, recursos y alternativas puede modificar la experiencia emocional.
Ejemplo práctico de la teoría de Lazarus
Imaginemos a una persona que recibe un mensaje de su jefe: "mañana hablamos de tu rendimiento".
La situación objetiva es ambigua. La valoración primaria puede ser de amenaza: "me van a despedir". Entonces aparece ansiedad.
Después llega la valoración secundaria: "no sé qué decir, no tengo defensa, esto me supera". La ansiedad aumenta.
Pero otra persona podría valorar el mismo mensaje de forma distinta: "quizá quiere revisar objetivos; puedo preparar datos y hablar con calma". Aquí la situación sigue siendo incómoda, pero más manejable.
El afrontamiento también cambia. La primera persona puede evitar pensar, dormir mal o bloquearse. La segunda puede preparar la reunión, revisar su trabajo y pedir claridad.
El modelo de Lazarus ayuda a entender todo el proceso: situación, valoración, emoción y afrontamiento.
Aplicaciones en psicología
La teoría del estrés de Lazarus tiene muchas aplicaciones en psicología clínica, salud, educación, trabajo y deporte.
En terapia, ayuda a identificar cómo una persona interpreta situaciones estresantes, qué recursos percibe y qué estrategias utiliza. Esto permite trabajar pensamientos, emociones, habilidades de afrontamiento y apoyo social.
En salud, permite comprender cómo las personas afrontan diagnósticos, dolor crónico, tratamientos o cambios de estilo de vida.
En el ámbito laboral, ayuda a analizar estrés por sobrecarga, falta de control, incertidumbre, conflictos o ausencia de recursos.
En educación, explica por qué un alumno puede vivir un examen como amenaza paralizante o como desafío manejable.
Diferencias con otros modelos de estrés
Antes de Lazarus, algunas teorías entendían el estrés sobre todo como respuesta fisiológica o como estímulo externo. Por ejemplo, Hans Selye estudió el estrés como respuesta general del organismo ante demandas.
Lazarus aportó una mirada más psicológica. No negó la dimensión fisiológica, pero subrayó que la interpretación personal es decisiva. No es solo lo que ocurre, sino lo que significa para la persona.
Esta diferencia hizo que su modelo fuera especialmente útil para comprender el estrés humano en contextos complejos, donde las emociones, las creencias y el afrontamiento importan tanto como el evento externo.
Fortalezas de la teoría de Lazarus
La teoría de Lazarus tiene varias fortalezas:
- Reconoce la subjetividad del estrés.
- Explica diferencias individuales.
- Integra emoción, cognición y conducta.
- Da importancia a los recursos percibidos.
- Permite intervenir sobre el afrontamiento.
- Entiende el estrés como proceso dinámico.
- Puede aplicarse en muchos contextos.
Su principal aportación es que no trata a la persona como receptora pasiva del estrés, sino como alguien que interpreta, responde y puede desarrollar recursos.
Críticas y límites
Aunque es una teoría muy influyente, también tiene límites. Una crítica es que puede poner mucho énfasis en la valoración individual y dejar en segundo plano factores estructurales, como pobreza, precariedad, discriminación, violencia o condiciones laborales abusivas.
No todo estrés puede reducirse cambiando la interpretación. A veces el entorno debe cambiar. Una carga laboral excesiva, una relación violenta o una situación de inseguridad real no se resuelven solo con afrontamiento individual.
Otra limitación es que las valoraciones no siempre son conscientes ni fáciles de modificar. Pueden estar influidas por trauma, apego, experiencias tempranas, cultura o estado fisiológico.
Aun así, el modelo sigue siendo muy útil si se aplica con una mirada amplia, sin culpabilizar a la persona por estresarse.
Conclusión
La teoría del estrés de Lazarus explica que el estrés surge de la relación entre la persona y el entorno. Una situación se vuelve estresante cuando la persona la valora como amenaza, daño, pérdida o desafío, y cuando percibe que sus recursos pueden no ser suficientes para afrontarla.
Sus conceptos principales son la valoración primaria, la valoración secundaria, la reevaluación y el afrontamiento. Gracias a este modelo, entendemos mejor por qué una misma situación puede generar respuestas distintas en diferentes personas.
La gran aportación de Lazarus fue mostrar que el estrés no es solo lo que nos ocurre, sino cómo lo interpretamos, qué recursos creemos tener y qué hacemos para responder. Esta idea sigue siendo fundamental en psicología clínica, salud, educación, trabajo y desarrollo personal.
Preguntas Frecuentes
¿Qué dice la teoría del estrés de Lazarus?
¿Qué es la valoración cognitiva?
¿Qué es la valoración primaria en Lazarus?
¿Qué es la valoración secundaria?
¿Qué tipos de afrontamiento propusieron Lazarus y Folkman?
¿Por qué es importante la teoría de Lazarus?
Fuentes y Referencias
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Raquel León. (2026, junio 26). Teoría del estrés de Lazarus: valoración cognitiva y afrontamiento. Psicólogo Plus. https://psicologoplus.com/teoria-estres-lazarus
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