Durante buena parte del siglo XX, numerosas teorías psicológicas describieron el desarrollo humano tomando la experiencia masculina como referencia universal. Cuando las mujeres no encajaban en esos modelos, sus respuestas podían interpretarse como menos maduras, menos racionales o excesivamente dependientes de las relaciones.
Carol Gilligan cuestionó esta forma de evaluar el razonamiento moral. En su libro In a Different Voice, publicado en 1982, argumentó que algunas personas abordan los problemas éticos atendiendo especialmente a las relaciones, las responsabilidades y las necesidades concretas de quienes están implicados. Esta perspectiva recibió el nombre de ética del cuidado.
La teoría de la ética del cuidado de Gilligan no afirma simplemente que las mujeres sean buenas cuidadoras. Su aportación principal consistió en mostrar que escuchar, responder a la vulnerabilidad y evitar el daño también son formas complejas de razonamiento moral. Al mismo tiempo, la teoría ha recibido críticas por el riesgo de asociar demasiado estrechamente el cuidado con la feminidad.
Qué es la ética del cuidado de Carol Gilligan
La ética del cuidado es una perspectiva moral que concede una importancia central a las relaciones humanas, la interdependencia, la responsabilidad y la respuesta ante las necesidades de otras personas.
Mientras algunas teorías éticas preguntan principalmente qué regla debe aplicarse de la misma manera a todos, la ética del cuidado también pregunta:
- ¿Quién necesita ayuda en esta situación?
- ¿Qué responsabilidades surgen de esta relación?
- ¿Cómo afectará la decisión a las personas implicadas?
- ¿Existe una desigualdad de poder o vulnerabilidad?
- ¿Cómo puede evitarse un daño innecesario?
- ¿Estoy cuidando a los demás sin dejar de cuidarme?
Gilligan observó que determinados razonamientos morales no podían comprenderse adecuadamente si se evaluaban únicamente mediante principios abstractos de justicia. Una persona podía considerar el contexto, los vínculos y las consecuencias particulares sin que eso significara que su pensamiento fuese menos avanzado.
La ética del cuidado no sustituye la razón por la emoción. Amplía el razonamiento moral para incluir la vulnerabilidad, las relaciones y las consecuencias concretas de nuestras decisiones.
Cuidar tampoco equivale a obedecer, agradar o solucionar todos los problemas ajenos. Una conducta solo puede considerarse verdaderamente cuidadosa cuando reconoce las necesidades reales del receptor, respeta su autonomía y no destruye a quien presta el cuidado.
El origen de la teoría: la crítica a Lawrence Kohlberg
Gilligan desarrolló sus ideas mientras trabajaba en el ámbito de la psicología del desarrollo moral, muy influido entonces por Lawrence Kohlberg. Este autor propuso una teoría de seis estadios organizados en tres niveles: preconvencional, convencional y postconvencional.
En los niveles superiores de Kohlberg, la madurez moral se relacionaba con la capacidad para utilizar principios universales de justicia, derechos y equidad. Sin embargo, sus primeros estudios se habían realizado principalmente con participantes masculinos.
Gilligan observó que las respuestas centradas en proteger relaciones o atender las necesidades particulares podían recibir una puntuación inferior. El problema no tenía que estar en las participantes, sino en el criterio con el que se evaluaba su razonamiento.
Para Gilligan, podían distinguirse dos grandes orientaciones:
- Orientación de justicia: prioriza derechos, reglas, igualdad e imparcialidad.
- Orientación de cuidado: prioriza responsabilidades, relaciones, necesidades y prevención del daño.
Estas orientaciones no deben confundirse con dos de los diferentes tipos de pensamiento completamente incompatibles. Una misma persona puede utilizar ambas dependiendo del dilema, su experiencia y el contexto.
La aportación de Gilligan no consistió en demostrar que la justicia fuese incorrecta, sino en cuestionar que fuese la única voz legítima de la moralidad.
Diferencias entre la ética de la justicia y la ética del cuidado
La ética de la justicia intenta proteger a las personas mediante normas imparciales. Pregunta qué derechos están en juego, qué obligación existe y qué principio debería aplicarse a cualquiera que estuviese en la misma situación.
La ética del cuidado presta más atención a las circunstancias concretas. Pregunta quién depende de quién, qué necesita cada parte y cómo puede mantenerse una relación sin perpetuar el daño.
Por ejemplo, imaginemos que una persona ha prometido acompañar a un amigo a una actividad, pero recibe una llamada de un familiar que necesita ayuda urgente.
Una orientación centrada en la justicia puede destacar la obligación de cumplir la promesa. Una orientación de cuidado analizará la vulnerabilidad del familiar, la urgencia y las consecuencias de no responder. Una deliberación completa probablemente necesitará ambas perspectivas.
Las principales diferencias pueden resumirse así:
- La justicia busca reglas generalizables, mientras el cuidado atiende al contexto.
- La justicia protege derechos, mientras el cuidado responde a necesidades.
- La justicia destaca la autonomía, mientras el cuidado recuerda la interdependencia.
- La justicia teme el favoritismo, mientras el cuidado teme la indiferencia.
- La justicia pregunta qué es correcto, mientras el cuidado también pregunta cómo responder.
No existe una oposición absoluta. Una relación afectuosa sin justicia puede tolerar abusos, desigualdad o dependencia. Una justicia sin cuidado puede aplicar reglas formalmente iguales ignorando que las personas parten de situaciones muy diferentes.
Las tres etapas del desarrollo moral según Gilligan
La teoría de Gilligan suele explicarse mediante tres orientaciones o niveles, acompañados por dos transiciones. No deben interpretarse como una secuencia universal y rígida equivalente a los estadios de Kohlberg. Representan cambios en la manera de comprender la relación entre el yo y los demás.
1. Orientación hacia la supervivencia individual
En un primer momento, la preocupación moral se centra en protegerse y satisfacer las propias necesidades. La persona puede valorar una decisión principalmente según lo que le permite obtener o evitar.
Esta orientación no debe considerarse necesariamente egoísta en un sentido patológico. Cuidarse es una necesidad legítima, especialmente cuando alguien vive en un entorno inseguro o ha aprendido que nadie responderá a sus necesidades.
El límite aparece cuando la perspectiva de los demás queda completamente excluida.
Primera transición: del egoísmo a la responsabilidad
La persona empieza a reconocer que sus acciones afectan a otras personas. Aquello que antes interpretaba como protección propia puede comenzar a parecerle egoísta.
Se desarrolla una mayor conciencia de las relaciones, las obligaciones y la necesidad de responder al sufrimiento ajeno. Sin embargo, este cambio puede conducir al extremo opuesto: considerar que ser una buena persona exige renunciar constantemente a uno mismo.
2. La bondad como sacrificio
En esta etapa, la moralidad se relaciona con cuidar de los demás, ser útil y evitar provocarles daño. La identidad puede depender de cumplir expectativas y anteponer las necesidades ajenas.
Este modelo de bondad puede favorecer conductas generosas, pero también presenta riesgos:
- Dificultad para establecer límites.
- Culpa al expresar necesidades propias.
- Tolerancia de relaciones injustas.
- Necesidad de aprobación.
- Agotamiento por asumir responsabilidades excesivas.
- Resentimiento que no se expresa abiertamente.
La persona puede confundir cuidado con autosacrificio. En lugar de incluirse dentro del círculo de consideración moral, se trata como si sus necesidades tuviesen menos valor.
Segunda transición: de la bondad a la verdad
La segunda transición aparece cuando la persona reconoce que excluirse también puede ser una forma de daño. Empieza a cuestionar si la bondad exige desaparecer, obedecer o mantener todas las relaciones.
La responsabilidad debe incluir tanto a los demás como a uno mismo. Decir no, terminar una relación o rechazar una petición puede ser compatible con el cuidado cuando evita explotación, engaño o agotamiento.
3. Moralidad de la no violencia y el cuidado equilibrado
En el nivel más integrado, la persona intenta evitar el daño tanto a los demás como a sí misma. Ya no interpreta el cuidado como una obligación unilateral, sino como una responsabilidad basada en la reciprocidad, la verdad y el respeto.
La decisión ética busca equilibrar:
- Las necesidades propias y ajenas.
- La autonomía y la conexión.
- La compasión y los límites.
- Las responsabilidades personales y compartidas.
- El cuidado inmediato y las consecuencias futuras.
La no violencia no significa impedir cualquier malestar. Decir una verdad, establecer un límite o abandonar una situación injusta puede causar dolor y seguir siendo la opción más responsable.
El cuidado no es una característica exclusivamente femenina
Una interpretación simplificada de Gilligan afirma que los hombres razonan mediante la justicia y las mujeres mediante el cuidado. Esta conclusión puede reforzar estereotipos tradicionales y presentar el trabajo de cuidar como una obligación natural femenina.
Gilligan partió de voces de mujeres que habían quedado insuficientemente representadas en las teorías psicológicas, pero posteriormente insistió en que el cuidado es una capacidad humana, no una esencia biológica de las mujeres.
Hombres y mujeres pueden utilizar razonamientos basados en el cuidado o la justicia. Las diferencias dependen también de:
- La educación recibida.
- Los roles de género.
- Las experiencias relacionales.
- El tipo de dilema presentado.
- La posición social.
- El poder y la vulnerabilidad.
- Las expectativas culturales.
Un metaanálisis de Sara Jaffee y Janet Shibley Hyde encontró diferencias medias pequeñas: las mujeres mostraban algo más de orientación al cuidado y los hombres algo más de orientación a la justicia. La magnitud reducida de estas diferencias no permite clasificar el razonamiento moral de una persona solo por su género.
Principios fundamentales de la ética del cuidado
Aunque Gilligan no presentó un código cerrado, su perspectiva puede resumirse mediante varios principios.
Las personas son interdependientes
La ética del cuidado cuestiona la imagen del individuo completamente autosuficiente. Durante la infancia, la enfermedad, la discapacidad, la vejez o una crisis, todas las personas dependen en mayor o menor medida de otras.
Reconocer esta realidad no elimina la autonomía. Permite comprender que la autonomía se desarrolla y mantiene dentro de redes de apoyo.
El contexto tiene relevancia moral
Una norma general puede resultar insuficiente si ignora la desigualdad, la vulnerabilidad o las responsabilidades existentes. En este sentido, la ética del cuidado coincide con la idea de que la conducta debe analizarse dentro de su campo de relaciones y circunstancias, una perspectiva que también aparece en la teoría del campo de Kurt Lewin.
Considerar el contexto no significa justificar cualquier conducta. Significa comprender qué factores influyen antes de decidir qué respuesta es más justa y cuidadosa.
Las emociones pueden aportar información
La empatía, la preocupación y la compasión pueden revelar necesidades que una aplicación mecánica de reglas no detecta. Sin embargo, sentir intensamente no garantiza actuar correctamente.
La ética del cuidado no debe reducirse a la emoción. Una persona puede sentir compasión y ofrecer una ayuda incompetente, paternalista o perjudicial. Tampoco la falta de empatía y sus manifestaciones explican por sí solas todos los fallos morales.
Cuidar requiere escuchar
No basta con decidir desde fuera qué necesita alguien. El cuidado exige prestar atención a su voz, comprobar cómo recibe la ayuda y modificar la respuesta cuando no funciona.
El autocuidado también es moral
Excluir sistemáticamente las necesidades propias puede producir agotamiento, dependencia y relaciones desequilibradas. El autocuidado no siempre es egoísmo. Puede ser necesario para sostener responsabilidades y evitar daños mayores.
Aportaciones posteriores de la ética del cuidado
La obra de Gilligan abrió una corriente desarrollada posteriormente por filósofas como Nel Noddings, Virginia Held, Eva Feder Kittay y Joan Tronto.
Noddings aplicó la ética del cuidado a la educación y a la relación entre quien cuida y quien recibe el cuidado. Held defendió su relevancia como teoría moral y política, mientras que Kittay analizó la dependencia y el trabajo de las personas cuidadoras.
Joan Tronto amplió la teoría hacia las instituciones y la política. Diferenció varias fases del cuidado:
- Detectar una necesidad.
- Asumir la responsabilidad de responder.
- Realizar el trabajo de cuidado con competencia.
- Observar cómo recibe la ayuda la persona cuidada.
Este enfoque muestra que el cuidado no es solo una intención privada. También depende de la distribución del tiempo, los recursos, el poder y las responsabilidades sociales.
Aplicaciones de la ética del cuidado
La teoría ha influido en numerosos ámbitos.
Educación
En educación, invita a conocer las circunstancias del alumnado, construir relaciones seguras y responder a sus necesidades sin renunciar a normas justas.
Psicología y psicoterapia
En terapia, destaca la importancia de la relación, la escucha y la responsabilidad profesional. Cuidar no significa decidir por el paciente, sino favorecer su autonomía dentro de una relación segura.
Enfermería y medicina
La atención sanitaria necesita principios universales, pero también sensibilidad hacia la historia, los valores y la vulnerabilidad de cada paciente. Una intervención técnicamente correcta puede resultar insuficiente si ignora cómo vive la persona su enfermedad.
Familia y relaciones
La ética del cuidado permite analizar quién realiza el trabajo doméstico, emocional y de acompañamiento. También ayuda a distinguir entre responsabilidad mutua y sacrificio unilateral.
Política y servicios públicos
Las políticas de dependencia, infancia, salud, discapacidad y conciliación distribuyen responsabilidades de cuidado. Considerarlo un asunto exclusivamente privado suele trasladar una carga desproporcionada a las familias y, dentro de ellas, especialmente a las mujeres.
Medioambiente
Algunas formulaciones contemporáneas extienden el cuidado a los ecosistemas y a las generaciones futuras. Las decisiones presentes deben valorar la vulnerabilidad de quienes sufrirán consecuencias sin haber participado en ellas.
Principales críticas a la teoría de Gilligan
Riesgo de esencialismo de género
La crítica más conocida sostiene que asociar cuidado y feminidad puede presentar como naturales unos roles producidos socialmente. Las mujeres podrían parecer moralmente destinadas a cuidar, reforzando precisamente la desigualdad que la teoría intentaba cuestionar.
Una interpretación actual debe entender la voz del cuidado como una posibilidad humana y analizar cómo la socialización influye en su distribución.
Evidencia empírica limitada
Los primeros trabajos de Gilligan utilizaron muestras reducidas y métodos cualitativos. Investigaciones posteriores no han encontrado una división tajante entre hombres y mujeres.
Esto no invalida su crítica al sesgo de los modelos anteriores. Sí obliga a evitar afirmaciones universales sobre cómo razona cada género.
Dificultad para resolver conflictos entre cuidados
Podemos tener responsabilidades hacia varias personas cuyos intereses son incompatibles. La ética del cuidado no siempre proporciona una regla clara para decidir qué relación debe recibir prioridad.
En estos casos pueden ser necesarios criterios de justicia, derechos, urgencia y proporcionalidad.
Riesgo de parcialidad
Cuidar más a las personas cercanas puede ser comprensible, pero también puede favorecer nepotismo o indiferencia hacia desconocidos. Una teoría completa debe explicar qué debemos a quienes quedan fuera de nuestras relaciones inmediatas.
Posible paternalismo
Una persona cuidadora puede creer que sabe qué necesita otra y terminar anulando su autonomía. Por eso, el buen cuidado requiere escucha, consentimiento y capacidad para revisar la ayuda ofrecida.
Cuidar bien no significa hacer todo por alguien, sino responder de una manera que proteja su dignidad y su capacidad de participar en las decisiones.
Ejemplo práctico de la ética del cuidado
Imaginemos que una trabajadora solicita flexibilidad horaria porque debe atender temporalmente a un familiar enfermo.
Una respuesta basada únicamente en la igualdad formal podría afirmar que todos los trabajadores deben cumplir exactamente el mismo horario. La ética del cuidado preguntaría por la necesidad concreta, la duración de la situación y las alternativas disponibles.
Sin embargo, una solución cuidadosa también debe considerar a los compañeros que asumirían tareas adicionales. La respuesta podría incluir una adaptación temporal, redistribución transparente del trabajo y revisión posterior.
Este ejemplo muestra que el cuidado no consiste en conceder cualquier petición. Implica escuchar, reconocer la vulnerabilidad y buscar una solución que no traslade injustamente todo el coste a otras personas.
Conclusión
La teoría de la ética del cuidado de Carol Gilligan transformó la psicología moral al mostrar que la atención a las relaciones, la responsabilidad y la vulnerabilidad no representa una forma inferior de razonamiento. Su crítica hizo visibles voces que habían sido evaluadas mediante modelos construidos principalmente desde experiencias masculinas.
La ética del cuidado no obliga a elegir entre relaciones y derechos. Su aportación más valiosa aparece cuando se combina con la justicia: las normas protegen frente al favoritismo y el cuidado evita que esas normas se apliquen con indiferencia hacia las circunstancias reales.
Cuidar éticamente tampoco significa sacrificarse siempre. Una moral madura incluye a los demás sin excluir al propio yo, reconoce la interdependencia sin destruir la autonomía y responde a las necesidades sin convertir la ayuda en control.
Preguntas Frecuentes
¿Qué es la ética del cuidado de Carol Gilligan?
¿Cuáles son las etapas de la teoría de Gilligan?
¿Qué diferencia existe entre la ética del cuidado y la ética de la justicia?
¿Gilligan afirmaba que todas las mujeres razonan igual?
¿La ética del cuidado significa anteponer siempre a los demás?
¿Cuáles son las principales críticas a Gilligan?
Fuentes y Referencias
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Raquel León. (2026, julio 24). Teoría de la ética del cuidado de Carol Gilligan: claves, etapas y críticas. Psicólogo Plus. https://psicologoplus.com/teoria-etica-cuidado-gilligan
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