¿Por qué dos personas con capacidades similares pueden comportarse de manera muy diferente ante el mismo reto? Una de las respuestas propuestas por Albert Bandura se encuentra en el concepto de autoeficacia: la creencia que una persona mantiene sobre su capacidad para organizar y ejecutar las acciones necesarias para afrontar una situación concreta.
La autoeficacia ocupa un lugar central en la teoría social cognitiva de Bandura y se ha aplicado a ámbitos tan diferentes como educación, salud, deporte, psicoterapia y trabajo.
Una persona puede poseer conocimientos y habilidades suficientes para realizar una tarea y, aun así, evitarla porque duda profundamente de su capacidad. Otra puede perseverar ante las dificultades porque considera que dispone de recursos para avanzar.
La autoeficacia no describe cuánto valemos como personas, sino cuánto creemos que podemos hacer frente a una tarea o situación determinada.
Esta distinción es fundamental porque autoeficacia, autoestima, autoconfianza y competencia real son conceptos relacionados, pero no equivalentes.
Quién fue Albert Bandura
Albert Bandura fue un psicólogo nacido en Canadá en 1925 y fallecido en 2021. Desarrolló la mayor parte de su carrera académica en la Universidad de Stanford y se convirtió en uno de los investigadores más influyentes de la psicología contemporánea.
Sus principales aportaciones están relacionadas con:
- Aprendizaje observacional.
- Modelado.
- Autorregulación.
- Agencia humana.
- Teoría social cognitiva.
- Autoeficacia.
Bandura alcanzó especial notoriedad por los experimentos del muñeco Bobo, que mostraron que los niños podían aprender determinadas conductas observando a otros modelos.
Su planteamiento fue evolucionando desde la llamada teoría del aprendizaje social hacia una teoría social cognitiva en la que las personas no se consideran receptores pasivos de influencias ambientales.
Para Bandura, conducta, factores personales y ambiente mantienen relaciones recíprocas.
Qué es la autoeficacia según Albert Bandura
La autoeficacia percibida hace referencia a las creencias que una persona posee acerca de su capacidad para producir determinados niveles de desempeño y afrontar situaciones concretas.
No significa pensar que todo saldrá bien.
Tampoco consiste en repetir afirmaciones positivas sin tener en cuenta la realidad.
La pregunta fundamental es:
¿Creo que puedo realizar las acciones necesarias para afrontar esta situación?
Por ejemplo:
- ¿Creo que puedo aprobar este examen si estudio adecuadamente?
- ¿Creo que puedo hablar delante de cien personas?
- ¿Creo que puedo aprender a conducir?
- ¿Creo que puedo mantener una rutina de ejercicio?
- ¿Creo que puedo gestionar una conversación difícil?
Las respuestas pueden variar entre ámbitos.
Una persona puede tener una autoeficacia profesional muy elevada y una autoeficacia social baja.
Autoeficacia y teoría social cognitiva
La autoeficacia forma parte de la teoría social cognitiva de Bandura.
Según este modelo, la conducta humana emerge de una interacción recíproca entre:
- Factores personales.
- Comportamiento.
- Ambiente.
Bandura denominó a esta relación determinismo recíproco.
Por ejemplo, un estudiante que cree que puede resolver problemas matemáticos dedica más tiempo a practicar. Esa práctica mejora su rendimiento y los buenos resultados refuerzan a su vez su percepción de capacidad.
Pero también puede aparecer el proceso contrario.
Si cree que es incapaz, evita practicar. Al practicar menos, obtiene peores resultados y estos parecen confirmar su creencia inicial.
La autoeficacia puede participar así en ciclos de retroalimentación entre creencias, conducta y resultados.
Cómo influye la autoeficacia en la conducta
Bandura señaló diferentes mecanismos mediante los que estas creencias pueden influir en el comportamiento.
1. Elección de actividades
Las personas tienden a acercarse con mayor facilidad a situaciones que creen poder afrontar y a evitar aquellas que consideran fuera de sus capacidades.
Esto no siempre es perjudicial. Evitar una actividad realmente peligrosa puede ser adaptativo.
El problema aparece cuando una valoración excesivamente negativa impide adquirir experiencias que permitirían desarrollar la competencia.
2. Esfuerzo
Una mayor autoeficacia puede favorecer que una persona invierta más esfuerzo cuando persigue un objetivo.
Si considera que la tarea es posible, resulta más razonable dedicar recursos a intentar resolverla.
3. Persistencia
Las dificultades forman parte de numerosos aprendizajes.
Una persona con mayor autoeficacia puede interpretar un error como información que indica que necesita modificar una estrategia.
Una persona con autoeficacia muy baja puede interpretar el mismo error como demostración de que no puede conseguirlo.
4. Pensamiento
Las creencias de eficacia también pueden afectar a las expectativas y a la forma de interpretar los obstáculos.
Una baja autoeficacia puede favorecer pensamientos centrados en:
- Posible fracaso.
- Consecuencias negativas.
- Incapacidad percibida.
Una autoeficacia adecuada puede facilitar una atención mayor hacia la tarea y las posibles soluciones.
5. Reacciones emocionales
Sentirse incapaz de controlar una situación puede aumentar ansiedad y estrés.
Cuando una persona cree que posee recursos suficientes para afrontar una demanda, la misma situación puede resultar menos amenazante.
Esto no significa que la autoeficacia determine completamente las emociones, sino que puede influir en cómo se interpretan determinadas demandas.
Las 4 fuentes de la autoeficacia según Bandura
Bandura describió cuatro fuentes principales de información a partir de las cuales se desarrollan las creencias de autoeficacia.
1. Experiencias de dominio
Las experiencias de dominio o ejecución son generalmente la fuente más influyente.
Cuando una persona consigue realizar satisfactoriamente una tarea, obtiene evidencia directa de que posee capacidad para afrontarla.
Por ejemplo, alguien que tiene miedo de hablar en público puede comenzar haciendo una presentación breve ante cinco personas.
Si la experiencia resulta manejable, posteriormente puede enfrentarse a grupos mayores.
La sucesión de retos graduales puede fortalecer la creencia de eficacia.
El fracaso también aporta información
Fracasar no destruye automáticamente la autoeficacia.
Importa cómo se interpreta.
Una persona puede pensar:
No pude hacerlo porque todavía necesito practicar esta parte.
O puede concluir:
Este fracaso demuestra que soy incapaz.
La interpretación modifica el impacto psicológico de la experiencia.
2. Experiencias vicarias
Las experiencias vicarias consisten en observar a otras personas realizar una tarea.
Ver a alguien semejante superar un desafío puede aumentar nuestra percepción de que nosotros también podríamos conseguirlo.
Esto está estrechamente relacionado con el aprendizaje observacional de Bandura.
Ejemplo
Un estudiante que piensa que una asignatura es demasiado difícil observa cómo un compañero con un nivel inicial similar aprende progresivamente mediante práctica.
Esto puede modificar su expectativa:
Si alguien como yo ha aprendido, quizá yo también pueda hacerlo.
La semejanza percibida con el modelo resulta importante.
3. Persuasión verbal
Los mensajes de otras personas pueden modificar temporalmente nuestras expectativas.
Un profesor puede decir:
Tienes la base necesaria. Si practicas estos dos aspectos, puedes resolver el ejercicio.
Esta forma de persuasión resulta más útil cuando es realista y específica.
Decir puedes hacer absolutamente cualquier cosa puede tener poco valor si no existe ninguna evidencia que lo respalde.
La persuasión verbal suele ser menos potente que una experiencia real de dominio, pero puede facilitar que una persona se anime a intentarlo.
4. Estados fisiológicos y emocionales
Las personas utilizan sus propias sensaciones corporales y emociones para interpretar su capacidad.
Por ejemplo, antes de hablar en público alguien siente:
- Palpitaciones.
- Sudoración.
- Tensión muscular.
Puede interpretar estas sensaciones como:
Estoy tan nervioso que será un desastre.
Otra persona podría interpretarlas como una activación normal antes de una situación exigente.
La forma en que se interpretan los estados fisiológicos puede influir en la autoeficacia.
Ejemplo completo de las cuatro fuentes
Imaginemos que Marta quiere aprender a correr cinco kilómetros.
Experiencia de dominio
Empieza caminando y corriendo distancias cortas hasta completar progresivamente un kilómetro sin detenerse.
Experiencia vicaria
Observa a otras personas principiantes que han seguido un proceso similar.
Persuasión verbal
Su entrenador le proporciona feedback específico sobre la progresión y le explica qué aspectos puede mejorar.
Estado fisiológico
Aprende a interpretar el aumento de frecuencia cardíaca durante el ejercicio como una respuesta normal al esfuerzo y no automáticamente como señal de que no puede continuar.
La combinación de estas fuentes puede favorecer una mayor autoeficacia para correr.
Tipos de autoeficacia
No existe una lista oficial de tipos completamente separados, porque Bandura entendía la autoeficacia como específica del dominio y de la tarea.
Aun así, en investigación se estudian diferentes áreas.
Autoeficacia académica
Se refiere a las creencias sobre la capacidad para realizar tareas educativas.
Puede incluir:
- Resolver problemas matemáticos.
- Comprender textos.
- Preparar exámenes.
- Organizar el estudio.
Autoeficacia social
Hace referencia a la percepción de capacidad para interactuar eficazmente con otras personas.
Puede relacionarse con:
- Iniciar conversaciones.
- Hacer amigos.
- Resolver conflictos.
- Participar en grupos.
Autoeficacia laboral
Incluye las creencias sobre la capacidad para afrontar demandas profesionales.
Puede influir en la elección de objetivos, persistencia y adaptación ante dificultades.
Autoeficacia para la salud
Se utiliza para estudiar comportamientos como:
- Realizar ejercicio.
- Seguir tratamientos.
- Cambiar hábitos.
- Gestionar enfermedades crónicas.
Autoeficacia parental
Describe la confianza de madres, padres o cuidadores en su capacidad para desempeñar determinadas tareas relacionadas con la crianza.
Autoeficacia general y autoeficacia específica
Bandura defendía especialmente la utilidad de medir la autoeficacia respecto a tareas concretas.
La pregunta soy una persona capaz es demasiado general.
Resultan más informativas preguntas como:
- ¿Puedo resolver este tipo de problema?
- ¿Puedo mantener esta conducta durante un mes?
- ¿Puedo afrontar una conversación difícil?
Existen escalas de autoeficacia general que intentan medir una sensación más amplia de competencia para afrontar situaciones, pero no deben confundirse con la conceptualización estrictamente específica de Bandura.
Diferencia entre autoeficacia y autoestima
Autoeficacia y autoestima suelen confundirse.
Autoeficacia
Se refiere a lo que creemos que podemos hacer.
Autoestima
Se refiere a cómo nos valoramos globalmente.
Una persona puede tener autoestima saludable y reconocer:
No creo que sea capaz de reparar un motor porque nunca lo he aprendido.
Esto no afecta necesariamente a su valor personal.
También puede ocurrir lo contrario: alguien puede sentirse muy competente profesionalmente y mantener una autoestima global baja.
Puedes ampliar esta diferencia en el artículo sobre tipos de autoestima.
Autoeficacia y autoconfianza
Autoconfianza es un término más general y menos preciso.
Podemos decir que confiamos en nosotros mismos sin especificar para qué.
La autoeficacia exige normalmente identificar una conducta o dominio concreto.
Por ejemplo:
Autoconfianza: confío en mí mismo.
Autoeficacia: creo que puedo realizar una presentación de veinte minutos ante mi equipo aunque esté nervioso.
La segunda afirmación es mucho más específica y puede relacionarse con una conducta observable.
Autoeficacia y competencia real
Creer que podemos hacer algo no significa necesariamente poder hacerlo.
Una persona puede presentar:
- Competencia alta y autoeficacia alta.
- Competencia alta y autoeficacia baja.
- Competencia baja y autoeficacia baja.
- Competencia baja y autoeficacia exageradamente alta.
La situación más adaptativa no consiste en sentirse invencible, sino en desarrollar una valoración suficientemente precisa y flexible.
Una autoeficacia demasiado baja puede producir evitación innecesaria.
Una valoración exagerada puede llevar a subestimar dificultades y preparación necesaria.
Autoeficacia y motivación
La autoeficacia tiene una relación importante con la motivación porque influye en las metas que una persona está dispuesta a asumir.
Si alguien cree que una tarea está completamente fuera de sus posibilidades, puede no encontrar razones para esforzarse.
Cuando cree que existe una probabilidad razonable de progreso, aumenta la disposición a intentarlo.
Esto explica por qué los objetivos educativos o laborales deben representar un desafío, pero no parecer completamente imposibles.
La autoeficacia se relaciona con otras teorías motivacionales, aunque no debe confundirse con ellas. Por ejemplo, la teoría de las motivaciones de David McClelland se centra en motivos como logro, poder y afiliación.
Autoeficacia en educación
La autoeficacia ha tenido una gran influencia en psicología educativa.
Los estudiantes con expectativas positivas y realistas sobre su capacidad tienden a mostrar mayor disposición para:
- Afrontar tareas difíciles.
- Persistir ante errores.
- Utilizar estrategias.
- Regular su aprendizaje.
Esto no significa que la autoeficacia sustituya conocimientos y habilidades.
Un estudiante necesita aprender realmente los contenidos.
La creencia de eficacia puede favorecer que utilice las oportunidades necesarias para desarrollar esas competencias.
Cómo puede un profesor favorecer la autoeficacia
Diseñar retos progresivos
Las tareas deben ofrecer oportunidades reales de éxito mediante esfuerzo y estrategias adecuadas.
Proporcionar feedback específico
Resulta más útil decir:
Has organizado correctamente el procedimiento, pero necesitas revisar este paso.
que limitarse a eres muy inteligente.
Utilizar modelos cercanos
Observar a compañeros explicar cómo resolvieron una dificultad puede proporcionar experiencias vicarias relevantes.
Enseñar estrategias
La sensación de eficacia aumenta cuando el alumno sabe qué puede hacer ante un obstáculo.
Evitar etiquetas rígidas
Frases como no se te dan bien las matemáticas pueden convertirse en expectativas que favorezcan evitación.
Es preferible describir dificultades modificables y estrategias concretas.
Autoeficacia y rendimiento académico
La investigación ha encontrado asociaciones consistentes entre autoeficacia académica, motivación y rendimiento.
Sin embargo, correlación no significa que creer en uno mismo sea suficiente para aprobar.
El rendimiento depende también de:
- Conocimientos previos.
- Habilidades.
- Tiempo de estudio.
- Calidad de la enseñanza.
- Estrategias.
- Contexto familiar.
- Recursos.
La autoeficacia constituye una variable importante dentro de un sistema más amplio.
Autoeficacia en psicoterapia
Muchos problemas psicológicos contienen una dimensión relacionada con la percepción de capacidad para afrontar situaciones.
Por ejemplo:
Una persona con ansiedad social puede pensar:
No podré soportar que me observen.
Una persona con una fobia puede creer:
Si aparece ansiedad, perderé completamente el control.
Una persona deprimida puede pensar:
No soy capaz de cambiar nada.
La terapia puede favorecer experiencias que permitan revisar estas expectativas.
En muchas intervenciones, afrontar situaciones de manera gradual permite que la persona descubra que puede tolerar emociones y desarrollar nuevas respuestas.
Esto guarda relación con el trabajo de autorregulación emocional, aunque ambos conceptos no son equivalentes.
Autoeficacia y ansiedad
Una situación resulta más amenazante cuando creemos que las demandas superan nuestros recursos.
Si una persona considera que no podrá manejar una conversación, examen o exposición, puede experimentar mayor ansiedad anticipatoria.
La evitación reduce temporalmente esa ansiedad, pero también elimina la oportunidad de comprobar que quizá podría afrontar la situación.
Por este motivo, las experiencias graduales de dominio pueden ser especialmente importantes.
Autoeficacia y depresión
Una percepción persistente de incapacidad puede contribuir a dificultades motivacionales presentes en la depresión.
La persona puede sentir que sus acciones no producirán ningún resultado significativo.
Esto puede favorecer:
- Pasividad.
- Abandono de actividades.
- Menor persistencia.
Sin embargo, la depresión es un trastorno complejo y no puede explicarse simplemente mediante baja autoeficacia.
Factores biológicos, cognitivos, sociales y ambientales también pueden intervenir.
Autoeficacia y salud
Bandura aplicó ampliamente su teoría a la promoción de la salud.
Las personas necesitan creer que pueden realizar conductas necesarias para producir determinados cambios.
Por ejemplo, alguien que quiere hacer ejercicio regularmente puede necesitar autoeficacia para:
- Empezar.
- Mantener la rutina.
- Recuperarla después de interrumpirla.
- Afrontar cansancio o falta de tiempo.
Una intervención útil no se limita a decir haz más ejercicio, sino que puede ayudar a construir habilidades y experiencias que hagan la conducta manejable.
Autoeficacia en deporte
En el ámbito deportivo, la percepción de capacidad puede afectar a:
- Elección de objetivos.
- Esfuerzo.
- Perseverancia.
- Recuperación tras errores.
- Respuesta a competiciones.
Un deportista necesita competencia real, entrenamiento y preparación física.
La autoeficacia no sustituye estos elementos, pero puede influir en cómo los utiliza bajo presión.
Autoeficacia en el trabajo
En contextos laborales puede afectar a la disposición para asumir:
- Nuevas responsabilidades.
- Cambios tecnológicos.
- Presentaciones.
- Liderazgo.
- Problemas complejos.
Un trabajador competente que cree que nunca podrá aprender una nueva herramienta puede evitar practicarla.
La formación eficaz debería generar tanto habilidades reales como experiencias que permitan comprobar la propia capacidad.
Cómo mejorar la autoeficacia
La teoría de Bandura permite extraer diferentes estrategias prácticas.
1. Divide los objetivos
Un objetivo enorme puede parecer imposible.
Dividirlo permite obtener experiencias progresivas de dominio.
En lugar de:
Tengo que aprender inglés.
puede plantearse:
Durante esta semana aprenderé a mantener una conversación básica de presentación.
2. Empieza por tareas alcanzables
La dificultad debería aumentar progresivamente.
Un reto demasiado fácil aporta poca información sobre capacidad, pero uno imposible puede reforzar expectativas negativas.
3. Registra progresos
La memoria humana no siempre representa correctamente nuestros avances.
Registrar resultados permite observar evidencia objetiva.
Por ejemplo:
Hace tres semanas podía correr cinco minutos y ahora puedo correr veinte.
4. Observa modelos adecuados
Busca personas con circunstancias o niveles iniciales comparables a los tuyos.
Un experto extraordinario puede inspirar, pero un modelo cercano puede proporcionar información más relevante sobre qué pasos concretos seguir.
5. Busca feedback específico
El feedback útil identifica:
- Qué funciona.
- Qué falta.
- Qué puede modificarse.
Esto permite convertir una evaluación en información para actuar.
6. Aprende estrategias
Sentirse capaz resulta más fácil cuando disponemos de herramientas concretas.
Ante un examen, por ejemplo, puede ayudar aprender técnicas de planificación, práctica de recuperación y organización del tiempo.
7. Reinterpreta determinados síntomas de activación
Sentir nervios antes de una actuación no significa necesariamente que vaya a salir mal.
En muchas situaciones, cierto nivel de activación es normal.
8. Analiza los fracasos con precisión
En lugar de concluir no puedo, conviene preguntar:
- ¿Qué salió mal exactamente?
- ¿Me faltaba preparación?
- ¿Utilicé una estrategia incorrecta?
- ¿La dificultad era demasiado elevada?
- ¿Qué puedo modificar en el siguiente intento?
Una interpretación más específica convierte el error en información.
Ejercicios para trabajar la autoeficacia
Escalera de dificultad
Selecciona una habilidad y crea una lista de tareas ordenadas de menor a mayor dificultad.
Por ejemplo, para hablar en público:
- Explicar un tema durante dos minutos a una persona conocida.
- Grabar una exposición breve.
- Hablar ante tres personas.
- Hacer una presentación de cinco minutos.
- Presentar ante un grupo mayor.
Cada paso proporciona información nueva sobre capacidad.
Registro de evidencias
Divide una hoja en tres columnas:
- Situación.
- Predicción sobre mi capacidad.
- Resultado real.
Después de varias semanas puedes comparar expectativas con resultados.
Identificar modelos
Piensa en una persona que haya desarrollado la habilidad que quieres adquirir.
Analiza:
- Cómo empezó.
- Qué dificultades tuvo.
- Qué estrategias utilizó.
El objetivo no es compararte con su resultado final, sino estudiar el proceso.
Autoeficacia y mentalidad positiva
La teoría de Bandura se malinterpreta a veces como una defensa del pensamiento positivo.
No es así.
Una autoeficacia útil debe apoyarse en información y experiencias.
Decirse soy capaz de pilotar un avión sin haber recibido formación no constituye autoeficacia adaptativa.
Una creencia más realista sería:
Puedo aprender esta habilidad si recibo la formación necesaria y practico progresivamente.
La diferencia reside en conectar la confianza con acciones, estrategias y aprendizaje real.
Autoeficacia colectiva
Bandura también desarrolló el concepto de eficacia colectiva.
Se refiere a las creencias compartidas de un grupo sobre su capacidad conjunta para organizar y ejecutar acciones necesarias para alcanzar determinados resultados.
Puede estudiarse en:
- Equipos deportivos.
- Organizaciones.
- Comunidades.
- Centros educativos.
Un equipo puede contar con miembros individualmente competentes y, sin embargo, creer que no puede coordinarse eficazmente.
La percepción de capacidad colectiva puede influir en la persistencia y esfuerzo grupales.
Cómo se mide la autoeficacia
Bandura recomendaba construir escalas adaptadas al dominio estudiado.
Una escala útil debería preguntar por la capacidad percibida para realizar tareas de diferentes niveles de dificultad.
Por ejemplo, una escala de autoeficacia académica puede evaluar cuánto confía un estudiante en poder:
- Comprender un texto complejo.
- Preparar un examen.
- Resolver determinados problemas.
No existe una única puntuación de autoeficacia válida para todas las actividades humanas.
Esto distingue el concepto original de algunas medidas generales posteriores.
Errores frecuentes al hablar de autoeficacia
Confundirla con autoestima
Saber que no podemos hacer algo todavía no significa valorarnos negativamente como personas.
Pensar que cuanto más alta, mejor
Una confianza completamente desconectada de la capacidad real puede conducir a errores.
Creer que basta con elogiar
Los mensajes positivos tienen un efecto limitado si contradicen repetidamente la experiencia.
Ignorar las habilidades reales
La autoeficacia no sustituye entrenamiento ni conocimiento.
Considerarla una característica fija
Las creencias de eficacia cambian con nuevas experiencias.
Hablar de una persona como si tuviera una única autoeficacia
Alguien puede sentirse muy eficaz en unas áreas y poco eficaz en otras.
Importancia de la teoría de Bandura
La teoría de la autoeficacia aportó una explicación específica de por qué las personas no actúan únicamente según sus capacidades objetivas.
Entre lo que sabemos hacer y lo que finalmente hacemos aparecen creencias sobre nuestra capacidad para:
- Iniciar una acción.
- Mantenerla.
- Afrontar dificultades.
- Recuperarnos de errores.
Esta idea ha generado miles de investigaciones en psicología y otras disciplinas.
Desarrollar autoeficacia no consiste en convencernos de que nada puede salir mal, sino en acumular razones para creer que disponemos de recursos para afrontar lo que ocurra.
Conclusión
La autoeficacia de Albert Bandura describe las creencias que mantenemos sobre nuestra capacidad para organizar y ejecutar las acciones necesarias ante situaciones específicas.
Estas creencias pueden influir en qué retos elegimos, cuánto esfuerzo invertimos, cuánto persistimos y cómo respondemos emocionalmente a las dificultades.
Bandura identificó cuatro fuentes principales de autoeficacia: experiencias de dominio, experiencias vicarias, persuasión verbal y estados fisiológicos y emocionales.
Entre ellas, las experiencias reales de conseguir progresivamente una tarea suelen proporcionar una evidencia especialmente potente.
La autoeficacia no es autoestima ni competencia objetiva, y tampoco equivale a repetir pensamientos positivos. Una percepción saludable de capacidad necesita relacionarse con habilidades, experiencia y evaluación realista.
Por ello, una de las mejores formas de desarrollarla consiste en afrontar desafíos progresivos, observar el propio progreso, aprender estrategias y transformar los errores en información para el siguiente intento.
Preguntas Frecuentes
¿Qué es la autoeficacia según Albert Bandura?
¿Cuáles son las 4 fuentes de autoeficacia de Bandura?
¿Cuál es la fuente más importante de autoeficacia?
¿Qué diferencia existe entre autoestima y autoeficacia?
¿Cómo se puede aumentar la autoeficacia?
¿Una autoeficacia alta garantiza el éxito?
Fuentes y Referencias
- Bandura, A. (1977). Self-efficacy: Toward a Unifying Theory of Behavioral Change
- Bandura, A. (1986). Social Foundations of Thought and Action
- Bandura, A. (1997). Self-Efficacy: The Exercise of Control
- Bandura, A. (2006). Guide for Constructing Self-Efficacy Scales
- American Psychological Association Dictionary of Psychology. Self-efficacy
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Raquel León. (2026, septiembre 5). Autoeficacia de Albert Bandura: qué es, teoría, tipos y ejemplos. Psicólogo Plus. https://psicologoplus.com/autoeficacia-albert-bandura
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