El acoso es una forma de violencia repetida o sostenida en el tiempo que busca intimidar, controlar, humillar, aislar o dañar a una persona. Puede ocurrir en la escuela, en el trabajo, en la pareja, en internet, en la calle, en la familia o dentro de cualquier grupo donde exista una relación desigual de poder.
A veces imaginamos el acoso como algo muy visible: insultos, amenazas, empujones o burlas públicas. Pero no siempre es así. Muchos tipos de acoso son más sutiles: rumores, exclusión, vigilancia, comentarios sexuales, presión psicológica, manipulación, mensajes constantes, ridiculización, control económico o difusión de información privada.
Reconocer los tipos de acoso es importante porque muchas víctimas tardan en poner nombre a lo que viven. Pueden pensar que exageran, que solo son bromas, que deberían aguantar o que el problema está en ellas. Sin embargo, cuando una conducta se repite, genera miedo, afecta a la autoestima o limita la libertad de una persona, conviene tomarla en serio.
En este artículo veremos qué es el acoso, cuáles son sus principales tipos, cómo detectarlo, qué consecuencias puede tener y qué hacer si tú o alguien cercano está viviendo una situación de este tipo.
Qué es el acoso
El acoso es una conducta hostil, intimidatoria o abusiva que se dirige contra una persona de forma repetida o persistente. Su objetivo puede ser dominar, excluir, humillar, castigar, presionar, controlar o conseguir que la víctima cambie su conducta por miedo.
No todos los conflictos son acoso. Una discusión puntual, una crítica aislada o un desacuerdo no equivalen necesariamente a acoso. La clave está en el patrón: repetición, intención de dañar o someter, desequilibrio de poder y consecuencias para la víctima.
Ese desequilibrio de poder puede ser físico, social, económico, jerárquico, emocional, digital o simbólico. Por ejemplo, un jefe frente a un trabajador, un grupo frente a una persona aislada, una expareja que controla información íntima o compañeros que ridiculizan a alguien de forma constante.
El acoso no se define solo por lo que hace el agresor, sino también por el impacto que genera: miedo, indefensión, aislamiento, vergüenza o deterioro psicológico.
Además, el acoso puede mezclarse con otras formas de violencia, como la agresividad, la manipulación o el abuso emocional. Por eso puede ser útil conocer también las características de las personas agresivas, especialmente cuando el acoso se expresa mediante intimidación, control o ataques repetidos.
Principales tipos de acoso
Existen muchas formas de acoso. Algunas se clasifican por el contexto donde ocurren, como el acoso escolar o laboral. Otras se clasifican por la forma de agresión, como el acoso psicológico, sexual o digital.
1. Acoso escolar o bullying
El acoso escolar, también llamado bullying, ocurre entre estudiantes y suele implicar una conducta repetida de agresión, humillación, exclusión o intimidación hacia un menor o adolescente.
Puede manifestarse de varias formas:
- Insultos.
- Burlas.
- Motes humillantes.
- Empujones o golpes.
- Robar o romper objetos.
- Difundir rumores.
- Excluir de grupos.
- Amenazar.
- Reírse de características físicas, forma de hablar, origen o rendimiento académico.
El bullying no es una simple pelea entre iguales. Suele haber un desequilibrio de poder: una persona o grupo se impone sobre otra que tiene más dificultad para defenderse.
Una de las formas más dañinas de bullying es la exclusión social. No siempre deja marcas visibles, pero puede generar soledad, ansiedad, tristeza, baja autoestima y miedo a ir al colegio.
También es importante diferenciar bromas de acoso. Una broma compartida hace reír a todos. Una burla repetida que humilla siempre a la misma persona no es una broma: es violencia.
2. Acoso laboral o mobbing
El acoso laboral, también conocido como mobbing, ocurre en el entorno de trabajo y consiste en conductas repetidas que buscan intimidar, aislar, desacreditar o desgastar psicológicamente a una persona.
Puede venir de un superior, de compañeros o incluso de personas subordinadas. Algunas señales frecuentes son:
- Críticas constantes y desproporcionadas.
- Humillaciones públicas.
- Asignación de tareas imposibles o inútiles.
- Retirada injustificada de responsabilidades.
- Aislamiento del equipo.
- Rumores o desprestigio profesional.
- Amenazas veladas.
- Cambios arbitrarios de horario o funciones.
- Ignorar sistemáticamente a la persona.
- Obstaculizar su trabajo.
El acoso laboral puede confundirse con exigencia profesional, pero no son lo mismo. Un jefe puede exigir rendimiento sin humillar. Una empresa puede corregir errores sin destruir la dignidad de un trabajador.
El mobbing puede tener consecuencias importantes: ansiedad, insomnio, pérdida de confianza, miedo a ir al trabajo, síntomas depresivos y deterioro físico. En estos casos, conviene documentar lo ocurrido y buscar apoyo interno, legal o psicológico si es necesario.
3. Acoso psicológico
El acoso psicológico consiste en dañar emocionalmente a una persona mediante manipulación, humillación, amenazas, chantaje, aislamiento, críticas constantes o control.
Puede aparecer en muchos contextos: pareja, familia, trabajo, amistades, escuela o redes sociales.
Algunas conductas típicas son:
- Hacer sentir culpable de forma constante.
- Ridiculizar emociones.
- Invalidar lo que la persona vive.
- Aislarla de otros vínculos.
- Amenazar con abandonarla, castigarla o exponerla.
- Alternar cariño y desprecio.
- Usar silencios como castigo.
- Criticar su físico, inteligencia o valor personal.
- Hacerle creer que todo es culpa suya.
Una forma especialmente dañina de acoso psicológico es el gaslighting, donde la persona agresora intenta que la víctima dude de su memoria, percepción o cordura. Este patrón se relaciona con dinámicas de manipulación psicológica como el gaslighting, donde el problema no es solo el conflicto, sino la distorsión sistemática de la realidad de la víctima.
El acoso psicológico puede ser difícil de detectar desde fuera porque no siempre hay gritos o agresiones visibles. Sin embargo, su impacto puede ser profundo.
4. Acoso sexual
El acoso sexual incluye conductas de naturaleza sexual no deseadas que generan intimidación, incomodidad, humillación, presión o un entorno hostil.
Puede ocurrir en el trabajo, la universidad, la calle, internet, espacios de ocio, relaciones de poder o incluso dentro de grupos supuestamente seguros.
Algunos ejemplos son:
- Comentarios sexuales no deseados.
- Insinuaciones persistentes.
- Miradas invasivas.
- Contacto físico no consentido.
- Peticiones sexuales bajo presión.
- Chistes sexuales dirigidos a una persona.
- Enviar imágenes íntimas sin consentimiento.
- Pedir fotos sexuales de forma insistente.
- Condicionar oportunidades laborales o académicas a favores sexuales.
No hace falta que haya contacto físico para que exista acoso sexual. También puede darse mediante palabras, gestos, mensajes, imágenes o presión.
La clave es el consentimiento. Una interacción sexual o coqueta solo es aceptable si ambas partes participan libremente. Cuando hay presión, miedo, desigualdad de poder o insistencia tras un no, hablamos de una conducta problemática o abusiva.
5. Ciberacoso o acoso digital
El ciberacoso ocurre a través de medios digitales: redes sociales, WhatsApp, correo electrónico, foros, videojuegos online, plataformas de mensajería o cualquier espacio virtual.
Puede incluir:
- Insultos repetidos.
- Amenazas.
- Difusión de rumores.
- Publicación de imágenes íntimas.
- Suplantación de identidad.
- Mensajes insistentes.
- Vigilancia digital.
- Creación de perfiles falsos.
- Comentarios humillantes.
- Acoso grupal coordinado.
- Exposición de datos personales.
Una característica del ciberacoso es que puede perseguir a la víctima incluso dentro de su casa. No termina al salir del colegio, del trabajo o de un espacio físico. Además, los contenidos pueden difundirse rápidamente y permanecer online.
En adolescentes, el ciberacoso puede mezclarse con bullying escolar. En adultos, puede aparecer tras rupturas, conflictos laborales, exposición pública o disputas en redes.
Es importante guardar pruebas: capturas, fechas, perfiles, enlaces y mensajes. No responder impulsivamente también puede ayudar a no alimentar la dinámica.
6. Acoso en la pareja
El acoso en la pareja puede darse dentro de una relación o después de una ruptura. Incluye conductas de vigilancia, control, insistencia, presión o persecución emocional.
Algunas señales son:
- Revisar el móvil.
- Exigir ubicación constante.
- Controlar amistades o ropa.
- Pedir explicaciones por cada movimiento.
- Escribir de forma insistente.
- Aparecer sin avisar.
- Amenazar si la persona se aleja.
- Usar celos como justificación.
- Presionar para tener contacto o sexo.
- Castigar con silencio o desprecio.
Muchas veces se disfraza de amor: lo hago porque me importas, tengo celos porque te quiero, si no ocultas nada no debería molestarte. Pero el amor sano no necesita vigilancia constante.
Si una persona convierte la relación en una fuente de miedo, control o culpa, es importante prestar atención. Algunas dinámicas pueden parecer dudas afectivas al principio, pero evolucionar hacia comportamientos abusivos. También puede ayudar revisar las diferencias entre amor y obsesión, porque la obsesión suele confundirse con intensidad romántica cuando en realidad implica control y ansiedad.
7. Stalking o acoso persecutorio
El stalking es una forma de acoso basada en la persecución, vigilancia o contacto no deseado persistente. Puede aparecer tras una ruptura, por una fijación obsesiva, por venganza o por necesidad de control.
Puede incluir:
- Seguir físicamente a la persona.
- Esperarla en lugares habituales.
- Enviar mensajes constantes.
- Llamar desde números distintos.
- Vigilar redes sociales.
- Contactar con familiares o amigos.
- Mandar regalos no deseados.
- Amenazar con aparecer.
- Usar perfiles falsos.
- Presentarse en casa o en el trabajo.
El stalking puede generar mucho miedo porque la víctima siente que no puede escapar. Incluso cuando el acosador no agrede físicamente, la sensación de vigilancia constante puede afectar gravemente a la seguridad y a la salud mental.
No conviene minimizarlo como insistencia romántica. Si una persona ha dicho no, ha pedido distancia o ha bloqueado el contacto, insistir de forma repetida no es amor: es invasión.
8. Acoso callejero
El acoso callejero incluye conductas no deseadas en espacios públicos que invaden, sexualizan, intimidan o humillan a una persona. Suele afectar especialmente a mujeres, aunque también puede afectar a hombres y personas LGTBIQ+.
Puede incluir:
- Comentarios sexuales.
- Silbidos.
- Persecuciones.
- Miradas intimidantes.
- Gestos obscenos.
- Tocamientos.
- Fotografías sin permiso.
- Insultos por aspecto, ropa u orientación sexual.
A veces se minimiza como piropo, pero si genera incomodidad, miedo o invasión, no es halago. La diferencia está en el consentimiento y en el contexto. Un comentario no solicitado en la calle, especialmente si sexualiza o intimida, puede hacer que la persona se sienta insegura.
El acoso callejero limita la libertad: cambia rutas, horarios, ropa, posturas y sensación de seguridad.
9. Acoso por razón de género
El acoso por razón de género incluye conductas discriminatorias, humillantes o intimidatorias dirigidas a una persona por ser mujer, hombre, persona trans, no binaria o por no cumplir expectativas tradicionales de género.
Puede aparecer en el trabajo, escuela, familia, redes sociales o espacios públicos.
Ejemplos:
- Burlarse de una mujer por ocupar un puesto de liderazgo.
- Ridiculizar a un hombre por mostrar emociones.
- Atacar a una persona trans por su identidad.
- Penalizar a una madre por quedarse embarazada.
- Cuestionar la capacidad profesional por razones de género.
- Hacer comentarios degradantes sobre feminidad o masculinidad.
Este tipo de acoso no siempre es sexual. Puede ser discriminatorio, simbólico, verbal o institucional. Su efecto es colocar a la persona en una posición de inferioridad o exclusión.
10. Acoso por orientación sexual o identidad de género
Este tipo de acoso se dirige contra personas lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales, queer o percibidas como fuera de la norma sexual o de género.
Puede incluir:
- Insultos homófobos o tránsfobos.
- Burlas.
- Amenazas.
- Exclusión social.
- Difusión de información privada.
- Chistes degradantes.
- Negar el nombre o pronombres de una persona trans.
- Agresiones físicas.
- Ciberacoso.
El impacto puede ser especialmente grave cuando la persona aún no cuenta con apoyo familiar o social. El miedo a ser expuesta, rechazada o agredida puede aumentar el aislamiento.
Es fundamental que escuelas, empresas y comunidades tengan protocolos claros frente a este tipo de acoso.
11. Acoso racista o xenófobo
El acoso racista o xenófobo se dirige contra una persona por su origen, color de piel, nacionalidad, cultura, idioma, acento, religión percibida o rasgos étnicos.
Puede aparecer como insultos, burlas, exclusión, sospecha constante, trato desigual, amenazas o comentarios aparentemente humorísticos que en realidad humillan.
Algunos ejemplos son:
- Imitar un acento para ridiculizar.
- Hacer bromas sobre origen o color de piel.
- Asociar a una persona con delincuencia por su nacionalidad.
- Excluir de grupos por prejuicios culturales.
- Usar insultos racistas.
- Cuestionar continuamente si pertenece al país.
Este acoso puede tener consecuencias psicológicas importantes porque no ataca solo una conducta, sino aspectos profundos de identidad, pertenencia y dignidad.
12. Acoso familiar
El acoso también puede darse dentro de la familia. A veces se normaliza porque viene de padres, hermanos, exparejas, suegros u otros familiares, pero eso no lo hace menos dañino.
Puede incluir:
- Críticas constantes.
- Humillaciones.
- Control económico.
- Chantaje emocional.
- Amenazas.
- Invasión de privacidad.
- Presión para tomar decisiones.
- Aislamiento.
- Ridiculización de proyectos o pareja.
El acoso familiar puede ser especialmente confuso porque se mezcla con amor, culpa, dependencia y lealtad. Frases como lo hacemos por tu bien o en esta familia siempre ha sido así pueden dificultar que la víctima ponga límites.
Pero el vínculo familiar no justifica el maltrato. Una familia puede equivocarse, discutir o tener conflictos, pero no debería funcionar mediante miedo, humillación o control.
13. Acoso institucional
El acoso institucional ocurre cuando una persona recibe un trato hostil, negligente, discriminatorio o repetidamente humillante por parte de una institución o de quienes la representan.
Puede darse en centros educativos, sanitarios, administrativos, laborales, judiciales o residenciales.
Ejemplos:
- Ignorar denuncias repetidas.
- Ridiculizar a una persona que pide ayuda.
- Obstaculizar trámites por prejuicio.
- Exponer información privada sin necesidad.
- Tratar de forma degradante a personas vulnerables.
- No aplicar protocolos de protección.
Este tipo de acoso puede ser difícil de combatir porque la víctima se enfrenta a una estructura, no solo a una persona. Por eso es importante conocer derechos, documentar hechos y buscar apoyo especializado.
14. Acoso vecinal
El acoso vecinal consiste en conductas repetidas de hostigamiento entre vecinos. Puede incluir ruido intencionado, amenazas, insultos, daños en la propiedad, vigilancia, rumores o intentos de hacer insoportable la convivencia.
A veces se origina por conflictos de convivencia, pero puede escalar hasta convertirse en una dinámica de intimidación persistente.
La clave está en diferenciar molestias puntuales de un patrón deliberado o repetido. Cuando una persona o grupo busca desgastar, asustar o expulsar a otra, ya no hablamos solo de mala convivencia.
15. Acoso económico
El acoso económico implica usar el dinero, los recursos o la dependencia material para controlar, presionar o someter a una persona.
Puede aparecer en pareja, familia, trabajo o instituciones.
Ejemplos:
- Controlar todos los gastos.
- Impedir trabajar o estudiar.
- Amenazar con retirar dinero.
- Usar deudas para dominar.
- Exigir explicaciones humillantes por cada compra.
- Retener documentación o recursos.
- Pagar menos de forma injustificada.
En relaciones de pareja, el acoso económico puede formar parte de una dinámica de violencia psicológica o de género. La dependencia económica puede dificultar que la víctima se aleje o ponga límites.
Consecuencias del acoso
El acoso puede afectar profundamente a la salud mental y física. No es solo una molestia ni una experiencia desagradable. Cuando se mantiene en el tiempo, puede alterar la forma en que una persona se percibe a sí misma y al mundo.
Entre sus consecuencias pueden aparecer:
- Ansiedad.
- Tristeza persistente.
- Insomnio.
- Miedo.
- Vergüenza.
- Culpa.
- Aislamiento.
- Baja autoestima.
- Irritabilidad.
- Dificultad para concentrarse.
- Problemas físicos asociados al estrés.
- Evitación de lugares o personas.
- Desconfianza.
- Síntomas traumáticos.
En casos graves, el acoso puede llevar a depresión, ideación suicida o sensación de indefensión. Por eso conviene intervenir cuanto antes y no esperar a que la situación se vuelva insostenible.
Cómo saber si estás sufriendo acoso
Puede que estés viviendo acoso si reconoces varias de estas señales:
- Una persona o grupo te intimida de forma repetida.
- Sientes miedo o tensión antes de verla.
- Cambias tu conducta para evitar represalias.
- Te humillan, ridiculizan o aíslan.
- Te sientes vigilado o controlado.
- Te culpan por reaccionar al daño.
- Te cuesta dormir o concentrarte por lo que ocurre.
- Has pedido que paren y continúan.
- Sientes que no tienes salida.
Una señal importante es la pérdida de libertad. Si empiezas a modificar tu vida por miedo a una persona, grupo o entorno, conviene pedir ayuda.
Qué hacer ante una situación de acoso
La respuesta adecuada depende del tipo de acoso y del riesgo. No es lo mismo una situación escolar que una persecución de una expareja o un acoso laboral. Aun así, hay pautas generales que pueden ayudar.
1. No lo minimices
Evita decirte que no es para tanto si el patrón se repite y te afecta. Nombrar lo que ocurre es el primer paso para actuar.
2. Guarda pruebas
Conserva mensajes, correos, capturas, audios, fotografías, fechas, testigos y cualquier documento relevante. Las pruebas pueden ser fundamentales si necesitas denunciar o activar un protocolo.
3. No te aísles
El acoso suele crecer cuando la víctima se queda sola. Habla con alguien de confianza: amigos, familia, compañeros, docentes, responsables de recursos humanos o profesionales.
4. Pon límites cuando sea seguro
Si no hay riesgo de escalada, puedes comunicar límites claros: no acepto estos comentarios, no quiero que me contactes más, voy a reportar esta conducta si continúa.
Si existe riesgo, puede ser mejor no confrontar directamente y buscar apoyo antes.
5. Activa protocolos
En colegios, universidades y empresas suelen existir protocolos frente al acoso. En casos digitales, muchas plataformas permiten bloquear, reportar y guardar evidencias.
6. Busca ayuda profesional
Un psicólogo puede ayudarte a sostener emocionalmente la situación, recuperar seguridad, trabajar culpa o miedo y tomar decisiones con más claridad.
7. Prioriza la seguridad
Si hay amenazas, violencia física, stalking, difusión de contenido íntimo o miedo real, la prioridad no es dialogar: es protegerte y pedir ayuda especializada.
Qué no hacer ante el acoso
Algunas reacciones son comprensibles, pero pueden aumentar el daño.
Evita:
- Responder con insultos si puede escalar.
- Borrar pruebas.
- Quedarte solo con el problema.
- Justificar al acosador todo el tiempo.
- Culparte por lo que ocurre.
- Esperar indefinidamente a que cambie sin protección.
- Minimizar amenazas.
- Confrontar a solas si hay riesgo.
El objetivo no es ganar una discusión. Es detener el daño y recuperar seguridad.
Diferencia entre conflicto y acoso
No todo conflicto es acoso. En un conflicto puede haber desacuerdo, enfado o tensión entre personas con capacidad parecida para defenderse. En el acoso suele haber repetición, hostigamiento y desequilibrio de poder.
Por ejemplo, dos compañeros que discuten por una tarea tienen un conflicto. Pero si uno humilla al otro cada semana, lo excluye de reuniones, difunde rumores y sabotea su trabajo, hablamos de acoso.
Una discusión puede resolverse con diálogo. El acoso requiere límites, apoyo y, muchas veces, intervención externa.
Cuándo pedir ayuda urgente
Conviene pedir ayuda urgente si:
- Hay amenazas directas.
- Existe violencia física.
- Te siguen o vigilan.
- Difunden o amenazan con difundir imágenes íntimas.
- Tienes miedo de salir, trabajar o estudiar.
- La persona ignora bloqueos y límites.
- Aparecen pensamientos de hacerte daño.
- Hay menores implicados.
En estos casos, busca apoyo de personas cercanas, servicios especializados, responsables institucionales o autoridades según el contexto.
Conclusión
Existen muchos tipos de acoso: escolar, laboral, psicológico, sexual, digital, callejero, familiar, económico, institucional, por género, por orientación sexual, racista o persecutorio. Aunque cada uno tiene características propias, todos comparten algo: una conducta repetida o persistente que daña, intimida, controla o limita la libertad de una persona.
Identificar el acoso no siempre es fácil, sobre todo cuando se disfraza de broma, preocupación, autoridad, amor o crítica. Pero si una conducta te hace sentir miedo, vergüenza, aislamiento o indefensión de forma repetida, conviene tomarla en serio.
No tienes que gestionarlo solo. Guardar pruebas, buscar apoyo, poner límites, activar protocolos y pedir ayuda profesional puede marcar la diferencia. El acoso se sostiene muchas veces en el silencio; nombrarlo y pedir ayuda es una forma de empezar a recuperar control.
Preguntas Frecuentes
¿Cuáles son los principales tipos de acoso?
¿Cómo saber si algo es acoso o solo un conflicto?
¿Qué es el acoso psicológico?
¿Qué diferencia hay entre bullying y ciberacoso?
¿Qué debo hacer si estoy sufriendo acoso?
¿El acoso sexual siempre implica contacto físico?
¿Cuándo pedir ayuda urgente por acoso?
Fuentes y Referencias
“”
Cómo citar este artículo
Al citar, reconoces el trabajo original, evitas problemas de plagio y permites a tus lectores acceder a las fuentes originales para obtener más información o verificar datos. Asegúrate siempre de dar crédito a los autores y de citar de forma adecuada.
Raquel León. (2026, julio 4). Los 15 tipos de acoso: cuáles son, ejemplos y cómo identificarlos. Psicólogo Plus. https://psicologoplus.com/tipos-acoso
Más sobre Psicología
¿Qué es la Psicología social?
Creemos decidir solos, pero buena parte de nuestra conducta nace del grupo, la autoridad, las normas y la mirada ajena.
35 películas sobre Psicología que te harán entender mejor la mente humana
El buen cine psicológico no etiqueta personajes: nos enseña a mirar memoria, trauma, deseo, miedo e identidad con más profundidad.
Fortalezas Psicológicas de Martin Seligman: qué son y cómo desarrollarlas
Las fortalezas psicológicas de Martin Seligman forman parte de la psicología positiva y ayudan a comprender los recursos personales que favorecen bienestar, sentido y crecimiento.
8 maneras de responder cuando te han herido emocionalmente
Cuando alguien te hiere, responder bien no significa callar: significa protegerte sin dejar que el dolor conduzca por ti.
Más de Raquel León
Constructivismo: qué es, autores, características y ejemplos
El constructivismo sostiene que aprender no es copiar información, sino construir significado a partir de la experiencia, los conocimientos previos y la interacción.
Planes para hacer con amigos: 50 ideas divertidas, originales y fáciles
Quedar con amigos no tiene por qué ser siempre lo mismo: un buen plan puede reforzar vínculos y crear recuerdos.
75 frases para dar el pésame y condolencias
Cuando el dolor ajeno nos deja sin palabras, estas 75 frases de pésame y su explicación pueden ayudarte a acompañar a quien más lo necesita.
20 ramas de las ciencias sociales: qué estudian, y autores clave
Las ciencias sociales son el intento más sistemático que ha hecho la humanidad de entenderse a sí misma. Estas 20 disciplinas son sus herramientas.
Artículos recientes
Método Montessori: qué es, principios y cómo aplicarlo en casa
Educar no siempre consiste en dirigir más, sino en preparar mejor el entorno para que el niño pueda desplegarse.
Carl Gustav Jung: biografía, teoría y legado del fundador de la psicología analítica
Jung sigue fascinando porque mezcla psicología, símbolos y autoconocimiento, pero su legado exige leerlo con interés y criterio.
Los 8 tipos de enfado: cómo reconocerlos y gestionarlos mejor
No todos los enfados son iguales: algunos explotan, otros se callan, se acumulan o esconden emociones más profundas.
Cómo controlar la ira: 12 estrategias psicológicas para recuperar el control
La ira no es el problema: el problema aparece cuando te domina, te desborda o te lleva a actuar contra tus valores.